Manny Ramírez se reportó ayer al campo de entrenamientos de los Medias Rojas tres días antes de la fecha prevista, pero cuatro después que Boston realizó su primera práctica con los jugadores de cuadro.
El equipo había fijado el jueves como plazo para que el jardinero izquierdo se presentase, es decir un día después del primer juego de exhibición, debido a razones familiares. Su madre fue operada recientemente.
Pero Ramírez emergió de la oficina del preparador físico y se sentó frente a su casillero en el vestuario a las 8:54 de la mañana.
“Podría moverse, por favor”, le solicitó cortésmente a un reportero. Necesito un poco de espacio”, dijo Ramírez.
Sonrió y departió en español con varios compañeros mientras desempacaba sus zapatillas de beisbol de una caja de cartón, y luego se puso sus pantalones para jugar. Se sometió al reconocimiento médico y realizó una práctica de bateo en la caja alrededor de las 9:15 de la mañana.
“¿Qué está pasando aquí?”, dijo el catcher Doug Mirabelli al ver a 15 reporteros reunidos alrededor del casillero de Ramírez. Fue entonces que Mirabelli vio a Ramírez y soltó una frase de asombro.
Julián Tavárez, compatriota y uno de los amigos más estrechos de Ramírez en el equipo, enseguida lo distinguió por su pelo con trenzas. Tavárez pegó un grito al encargado de la utilería, Edward Pookie Jackson.
“Pookie, Manny no tiene zapatos para correr y tampoco spikes. ¿Le das una mano?, dijo Tavárez. “También dale 10 dólares para que se corte el pelo”.
Ramírez devengará este año un salario de 18 millones de dólares, el penúltimo de un contrato de ocho temporadas que asciende a 160 millones.