Guatemala- El Ministro del Interior de Guatemala, Carlos Vielmann reiteró hoy por la noche que los responsables del asesinato de cuatro policías acusados de matar a tres diputados salvadoreños del Parlacen y su chofer, son los pandilleros que se encontraban recluidos en el penal de máxima seguridad El Boquerón, unos 65 kilómetros al este de la ciudad.
No obstante, el funcionario dejó entrever que los responsables del hecho contaron con la complicidad de trabajadores del reclusorio pues no estaba forzada ninguna de las siete puertas que llevaban hasta la celda en que estaban recluidos los policías.
"Aquí hay dos áreas qué investigar: una situación eminentemente coyuntural que sería una reacción de grupos de mareros (pandilleros), que al estar ahí recluidos los cuatro policías determinaran tomar una acción y la otra es un tema estructural en el cual debemos llevar a cabo una serie de análisis y de elementos que se dan en esa situación", destacó el funcionario.
Cuatro días después de su detención e ingreso en prisión, acusados del asesinato de los diputados salvadoreños, los policías Luis Arturo Herrera López, de 39 años, José Adolfo Gutiérrez (36), Marvin Lange Escobar (31) y José Estuardo López Arriaga (28), corrieron la misma suerte en El Boquerón.
ABRIERON PUERTAS
De acuerdo con Vielmann, todo comenzó cuando un recluso llegó a avisar que había problemas en un drenaje, por lo que guardias y trabajadores administrativos del Sistema Penitenciario abrieron todas las puertas para verificar lo que sucedía, pese a que había una orden de que era un área restringida para la mayoría de las personas que laboraban en la cárcel.
"Hay siete puertas con candados las cuales no fueron violentadas, utilizaron las llaves, había una instrucción que las llaves de ellos tenían que estar separadas del resto, sin embargo, ante una situación que les dicen que hay un desagüe rebalsándose, entra gente que no tiene porqué entrar, por lo mismo se presume que hay algún tipo de encubrimiento en el asesinato", subrayó.
Sin embargo, la versión oficial no coincide con la de familiares de reclusos que señalan que antes de la ejecución, un vehículo con un comando especial con los rostros cubiertos entró en la cárcel y cortó el agua potable y la energía eléctrica.