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Ernesto González Valdés
Un niño que siempre fue el “centro” de la familia, puede retraerse frente a este nuevo escenario
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

¡Convivir con nuevos padrastros o madrastras!

“No es mi papá”, o “tú no eres mi mamá para mandarme”, son frases típicas con las que se expresa usualmente la dificultad de integración, conviviendo o no, en las nuevas familias formadas por los padres, después de una separación o viudez. En esta estructura familiar acechan las trampas y los peligros, como invadir o ser invadido en el espacio personal, excluir y ser excluido, rivalizar con los hermanos y hermanastros, odiar o amar a la pareja del papá o la mamá, sentir culpas eternas, competir con los hijos del marido o esposa por su atención y su tiempo.

Todas estas emociones pueden potenciar cualquier conflicto que el niño estuviera viviendo antes, incluso, de la separación. Así, un niño tímido puede, por ejemplo, reaccionar completamente al contrario con sus hermanastros si se ve agredido en su espacio. O un niño que siempre fue el “centro”, el “mimado” de la familia, puede retraerse frente a este nuevo escenario familiar.

La relación con las madrastras y padrastros generalmente es compleja. Este rol resulta en muchas ocasiones ingrato para quien lo ocupa, porque hay que tener en cuenta que lo que le interesa al niño es mantener la relación con el padre y con la madre, incluso cuando se separan.

Siempre existe una esperanza de reconstruir la familia y es por ello que ven en la “nueva” adquisición (madrastra o padrastro) el impedimento.

Pero no siempre es el caso. Hay padres o madres que nunca han jugado, nunca, el papel que les corresponde y el nuevo familiar, que tratará de conducir de manera armónica, coherente, como un excelente “equipo de trabajo” a la familia, los resultados alcanzados han sido como si nunca hubiese existido el padre o madre biológica.

A lo anterior se añade, que en ocasiones resulte que los niños o niñas y ya jóvenes, que de inicio no lo llame “papá o mamá”, sino por su nombre, pero realmente esto no debe constituir un problema grave, ya que otras manifestaciones de conducta, de cariño, pueden reflejar hechos que van más allá de como usted se llama.

¿Y en el caso que el padre biológico exista, guarde una relación estable y bien definida tanto en lo emocional como en el aspecto cotidiano con el hijo? Si el padre biológico ha mantenido las actividades de las que participa el padrastro, no tienen por qué llevar a conflicto al niño. No importando qué actividades se realicen, el niño podrá participar libremente de ellas si no percibe contradicción en lo que los adultos le plantean.

Por el contrario, ocurren conflictos cuando en la familia existe espacio para la descalificación de unos hacia otros, cerrando el paso a la participación de otros adultos en la crianza.

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