Pensar que un nicaragüense, que tiene trabajo estable en otro país, va a regresar a Nicaragua sólo porque Daniel Ortega está mandando y ofrece crear suficiente empleo, me parece ilusorio.
Ni a los mismos sandinistas que viven en Estados Unidos se les ocurre hacer maletas para empezar una aventura económica con el gobierno sandinista, según me han comentado amigos que viven en Miami y Los Ángeles.
A ciertos sandinistas, que desde hace años residen cómodos en Estados Unidos, les han preguntado por qué no retornan a Nicaragua y han puesto como pretexto que en este país todavía “las condiciones no están dadas” y, además, tienen que velar por el futuro de sus hijos, en Norteamérica por supuesto.
En Nicaragua, el aumento o el descenso de la migración al exterior depende ahora más de las políticas de la administración de Ortega, porque las expectativas de miles de nicaragüenses pobres de conseguir empleo y atención social pueden convertirse en frustración y conducirles más allá de las fronteras.
El optimismo que se advierte en la encuesta de CID-Gallup, divulgada la semana pasada, es en esencia ese deseo de buena parte de la población por mejorar su vida, alentado por las promesas electorales de Ortega.
El problema principal del país, según el 51 por ciento de los encuestados, es la “falta de empleos”; y en el 77 por ciento de las casas existe al menos una persona desempleada.
Ortega prometió reducir el empleo a cero. Nadie sabe cómo lo hará, pero los desocupados desean que el Presidente cumpla su ofrecimiento y le han dado un voto de confianza.
Sin embargo, es un voto producto de la necesidad, no del compromiso político, porque la misma encuesta muestra que a los consultados les importan poco los asuntos políticos del país. Sólo el 35 por ciento de ellos dice tener “mucho” o “algún interés” en la política.
La emigración persiste como opción y el 55 por ciento de los encuestados cree que el flujo de nicaragüenses hacia el exterior seguirá o crecerá. CID-Gallup preguntó cómo suponen que será el comportamiento migratorio mientras gobierne Ortega y el 32 por ciento de los consultados dijo que será igual que antes, mientras el 25 por ciento piensa que más personas se irán del país.
Sólo el 19 por ciento supone que los nicas en el exterior volverán a su tierra.
En el norte del país el panorama laboral se ha oscurecido, debido al descenso de la producción cafetalera, lo que augura hambre o migración.
Cuatro de cada cinco adultos nicaragüenses (81 por ciento), precisa la encuesta, recuerdan alguna promesa de campaña de Ortega, en especial la “creación de empleos”, y la mayoría de los consultados (85 por ciento) afirma que carece de un seguro médico.
Estas necesidades elementales son las que miles de familias nicaragüenses han resuelto con la emigración de algún pariente cercano, porque con las remesas de dinero que éste envía del exterior compran comida, cubren gastos de colegio y buscan atención médica. Si Ortega les garantiza eso, la migración se puede reducir. Lo difícil será que vuelvan los que ya se fueron.