No dejan de sorprender las actuaciones de ciertos representantes del capital. Y quizás aún no hemos visto nada sobre el nuevo comportamiento de personas y grupos hacia este Gobierno, que tiene la mágica habilidad de congregar a su alrededor a buena parte de los muy escasos nicaragüenses adinerados.
Es tremendo esto. No se acaba de aprender. ¿Ha notado que hay señores del capital que ya no opinan como antes sobre política? Ahora manifiestan preocupación por la pobreza, la solidaridad humana, y hasta lucen conmovidos. ¿Será que necesitaban una “empujadita” del comandante Ortega? De política hoy sólo saben dar el conveniente “beneficio de la duda”.
Debe ser incómodo llegar como llegan, decir lo que dicen en el tono que lo dicen, y mostrarse dóciles como se muestran ante el Comandante. Los vemos en telenoticieros, lucir sus fotos en periódicos, hablar y hablar, y parecen no enterarse que en el ambiente queda como que su única prioridad es proteger y aumentar sus intereses. Nada más.
Estos señores no parecen tener opiniones completas sobre los tratados del Alba, ni el firmado con el peligroso presidente iraní. No lucen interesados por sus contenidos (¿los conocen de primera mano y en detalles?) No sería sobrancero hasta preguntarles cuál es su escudo, o en cuál consejo estarán sus nombres. En paisito, lo sabemos, cualquier cosa es posible.
Es interesante contrastar el comportamiento de grupos del capital en diferentes períodos desde antes de 1972 a la fecha. Aunque es tema para otro artículo y quizás otro escritor, el punto es que no siempre ha sido el mismo. Y a pesar que algunos opinan que se rebelaron contra Somoza porque a partir del terremoto del 1972 quiso incursionar en nuevos negocios y competir deslealmente, estoy convencido que no todo el capital busca solamente su ventaja.
Me dicen que quienes ahora manejan ciertos capitales, no son como los de antes. Que hoy buena parte lo manejan los descendientes, o nuevos ricos de últimas décadas. Gente “pragmática” (lo que sea que signifique para cada quien) que ven a los politiqueros como aliados con los que llegarán a beneficiosos acuerdos, porque el Estado necesita de todo, y seguramente cliente-socio muy importante.
El capital tiene, por supuesto, el derecho y la obligación de velar por sí mismo, y asociarse con quien quiera. El capital genera trabajo, y actuaciones de unos no deberían afectar a todos. Pero, y sin que esto constituya menosprecio alguno, debemos ayudarles a colocarlos en la justa categoría que les corresponde estar: comerciantes de su prosperidad, y que para eso gestionan o negocian con quien ostente el poder político.
Algunos me han presentado las nuevas relaciones de estos capitales con el Comandante como “estratégicas”, y que la cercanía con Ortega hará a éste dependiente (?) de ellos. ¡Qué tremendo absurdo! ¿Es que se creen más astutos que el Comandante y su tropa?
Si no me equivoco, de los que forman parte de la corte del Comandante, también anduvieron cerca de Bolaños, Alemán y doña Violeta. O pocos aprendieron las lecciones, o fueron beneficiosas experiencias.
Que cada quien se maneje como le parezca. Pero —por si alguno aún lo ignora— esta furiosa politiquería hace rato se exhibe en vitrina pública. Por eso ciertos capitales no deberían presentarse más —ni individual ni en grupo— como si vivieran preocupados por la vida institucional y democrática del país, pues el balance demuestra que cuando esta inquietud se manifiesta, parece estar en estricta relación con sus intereses.
Hoy, entre danielistas, arnoldistas y ciertos “empresarios”, me es difícil encontrar diferencias.