Cándida Rosa Pastrana, de 73 años, hace fila los 20 de cada mes frente a una oficina bancaria en Ocotal para cobrar una pensión de 370 córdobas que le otorga el Gobierno por la muerte de su hijo Carlos Monge en la guerra hace 18 años.
En la fila de pensionados que tardan varias horas bajo el sol, le sigue Isabel López, quien ya cumplió 81 años y llega desde Totogalpa por 250 córdobas, el precio que el Estado puso a la vida de su único hijo varón también muerto en la guerra.
Allí están jubilados o personas que perdieron a sus hijos en cualquiera de los dos bandos armados en los años ochenta, el Ejército o la Contrarrevolución; y al cabo de una espera agotadora extienden la mano para tomar 78, 100 ó 370 córdobas de la pensión mensual.
Cándida e Isabel cuentan que algunos días amanecen sin el dinero suficiente para comprar una taza de café. “¿Puede imaginarse cuántas veces hemos venido aquí (a la fila) sin un bocado de comida en el estómago?”, dijo Isabel.
“Ni para lavar o planchar tengo fuerzas ya”, comentó Cándida, quien vive en Mozonte, cerca de la frontera con Honduras. “¿Usted cree que alguien, así como me ve, va a darme trabajo?”, se pregunta.
Al igual que ella, muchas personas de la tercera edad enfrentan el problema cada mes pues no hay otra forma de obtener los pírricos beneficios de las pensiones.
TEME MORIR DE HAMBRE
En Ocotal y Quilalí, el Instituto de Seguridad Social (INSS) paga una planilla de casi dos millones de córdobas mensuales a 1,802 pensionados, pero sólo a 150 (8.3 por ciento) de ellos le mandan el cheque por correo, a la puerta de sus casas, porque están incapacitados para salir.
Noemí Flores, gerente de la sucursal del Banco de la Producción (Banpro), donde pagan a los pensionados, dijo que considerarán la posibilidad de instalar en el salón unas bancas para que los ancianos descansen mientras hacen fila para cobrar.
También sugirió que familiares de los pensionados tramiten un poder para retirar ellos el dinero.
José Alfredo Espinosa Romero, directivo de la Asociación de Jubilados de Nicaragua (Ajunic), dijo que los problemas principales de los pensionados son cobrar en el banco y los montos pequeños de las pensiones.
“Es un sacrificio cobrar esos centavitos en el banco, después de que uno ha dado la vida trabajando y pagando al Estado ese derecho”, opinó Espinosa.
Benigno Cáceres, de 75 años y originario de Santa María, recibe una pensión de 300 córdobas por un hijo fallecido en la guerra de los años ochenta.
Su tormento es plantarse toda una mañana en esa fila hasta recibir la ayuda, cada mes. “Morir de 70, 80 ó 90 años no importa, será cuando Dios quiera, pero no queremos morir de hambre”, clamó.
“Es injusto, porque un hijo duele”, dice Cándida Rosa Pastrana, quien lleva una hora en la fila y sabe que esperará tres más para retirar los 370 córdobas que le da el INSS.