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Ortega va ahora contra la Asamblea

El presidente Daniel Ortega viajó la semana pasada, por un par de días, a Venezuela, y quién sabe qué le diría el dictador venezolano Hugo Chávez a su camarada nicaragüense, quien regresó más iracundo que de costumbre, con más odio en su corazón y veneno en sus ataques contra los medios de comunicación, pero ahora también contra los diputados de oposición en la Asamblea Nacional.

En efecto, tal como lo reportamos en la parte informativa de nuestra misma edición de hoy, en un iracundo discurso que pronunció la noche del sábado recién pasado, en Masaya, el presidente Daniel Ortega advirtió a “los diputados de los dos partidos liberales y los diputados del otro partido que se formó, el MRS”, que su esposa Rosario Murillo ocupará el cargo gubernamental que él disponga, a pesar de los cuestionamientos por nepotismo. Y agregó Ortega que independientemente de lo que dispusieron los diputados en las reformas a la Ley 290, sobre los consejos sandinistas creados para implementar la estrategia de “democracia popular”, dichos consejos harán lo que él mismo quiera que hagan. “El Presidente es el pueblo y eso significa que el pueblo está mandando aquí en Nicaragua. Y que lo tengan bien claro allí, en la Asamblea Nacional”, amenazó el virulento presidente Ortega a los diputados de oposición.

Además, actuando como vocero oficioso del cardenal Obando y Bravo, Daniel Ortega también arremetió contra LA PRENSA, porque en este Diario se ha criticado el nombramiento de dicho prelado para desempeñar un alto cargo público en el gobierno sandinista. Y del mismo modo furioso el Presidente sandinista atacó a LA PRENSA, porque al sacar a luz un documento sobre la estrategia de comunicación del gobierno sandinista revelamos que volverán los “De Cara al Pueblo”, los cuales eran una farsa de participación popular que montaba el gobierno de Daniel Ortega cuando era dictador militar absolutista, en el período de la revolución sandinista de 1979 a 1990, una aciaga etapa de la historia nacional que muy acertadamente fue calificada por la Iglesia católica universal —por boca del Santo Padre Juan Pablo II— como “la noche oscura” de Nicaragua.

La intención de Daniel Ortega de imponer una nueva dictadura “popular” en Nicaragua es bastante clara y nadie puede seguir llamándose a engaños con la hipócrita prédica orteguista de “reconciliación y amor”. Ortega no tomó el poder ahora por medio de la lucha armada —como en 1979— y ni siquiera tiene una mayoría legislativa en la Asamblea Nacional, pero igual quiere imponer la dictadura por medios legales y abusando de los mecanismos democráticos, como lo hizo Hitler en Alemania, en 1933 y como lo está haciendo ahora Hugo Chávez en Venezuela.

Esto lo advertimos mucho antes de que Ortega ganara la elección presidencial del 5 de noviembre pasado con sólo el 38 por ciento de los votos. Dijimos que Daniel Ortega, como un autoritario compulsivo y dictador de vocación que es, al recuperar la Presidencia de la República intentaría de manera inevitable imponer una nueva dictadura en el país. Y por cierto que ahora la situación es peor en el sentido de que el poder sandinista está centralizado personalmente, cincuenta por ciento en sus propias manos y la otra mitad en su esposa, la señora Rosario Murillo, de lo cual se jactó el mismo Ortega en su discurso del sábado recién pasado en Masaya.

Sin embargo, también hemos advertido de manera reiterada desde el mismo momento que Daniel Ortega ganó la elección presidencial de noviembre pasado, que en sus pretensiones de imponer una dictadura personal y/o conyugal sólo podrá llegar hasta donde los ciudadanos, las fuerzas democráticas, los partidos políticos de oposición, las organizaciones independientes de la sociedad civil, e incluso los sectores no orteguistas del FSLN, le permitan llegar.

Ninguna dictadura, en ninguna parte del mundo y en ninguna época de la historia, se impuso sólo porque el dictador tal o cual quiso imponerse. Todas las dictaduras y los dictadores se han impuesto porque la gente se los permitió, porque los dejó hacer hasta que fue demasiado tarde. Esto lo deberían considerar seriamente los diputados de la oposición: liberales, conservadores y MRS, quienes tienen en sus manos la fuerza legal necesaria para detener los embistes dictatoriales de Daniel Ortega.

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