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Joaquín
Danilo Torres

En aquellas calles verdes llenas de lluvia

de periódicos viejos enrollados
navegando como barcos
en las tardes de relámpago y benditas palmas
en las puertas Joaquín, el hombre
el sucio de ropas... el vendedor
— ¡las frutas!
el amigo de Pilo Acuña, de la Paula Loca
de Quitaleypóngale... de los ponchos
el bañador de las Joyas y El Aguacate,
el viejo vendedor de frutas desde hace años
desde cuando era cipote
desde más antes que construyeran la “anexa”
en donde fue la “placita” todos los días se le mira
y han pasado por la escuela centenares de muchachos
y otro tanto de las ahora; “gracias, doctor”,
buenos días doctor “ingenieros”
y más “personas honorables” de...
y ya llegaron a la luna los hombres
y casi terminan de comenzar a explorar los mares,
y a Joaquín siempre lo miraba vendiendo estas frutas
el mismo viejo, más anciano,
él y su carretón
como un gran manchón,
manchón grande,
gris,
cano,
viejo..

Glosa para este poema de 1974, tomado de Antología de Poesía y Prosa de Estelí, 1912-1991, selección de Bayardo Gámez Montenegro.

Joaquín, este Joaquín que se menciona y perfila en este poema desciende por línea directa de las genealogías de Leonel Rugama, es lo que se nota de inmediato. Lo más demorado y difícil deberá ser destrincar, desentrañar, en el apretado nudo de las afinidades electivas, lo que en deslinde estricto es propio e irrepetible de cada uno y cada quien.En el fondo de todo, semejante deslinde tampoco importa tanto, ante el prodigio de la coincidencia precisa en ángulo, en hondura de sentimiento y en perspectiva de percepción social. De este tipo de coincidencias es que se entreteje, se alimenta, se nutre y fortalece el lienzo de nuestro sentir colectivo, nuestros más serios amagos de identidad estable.Aparte de que Leonel Rugama Rugama, Ciro Molina Ortiz y Danilo Torres Rodríguez, por ejemplo, vienen quedando sembrados en lotes muy vecinos, en el suelo prieto y reseco del cementerio municipal esteliano. Donde, con suerte, también, igual, más tarde, también nosotros encontraremos lugar de destino, puerto de embarque para nuestras aventuras de ultratumba, suelo patrio para los procesos ulteriores de nuestro esqueleto andariego, caminador.¿O es que tampoco se trataba de eso?

Pedro León de las Ánimas Carvajal

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