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La colecta de Miércoles de Ceniza

Hoy — Miércoles de Ceniza en la liturgia católica— es el día en que en todas las parroquias de Nicaragua se hace la colecta de ayuda a los sacerdotes retirados que carecen de recursos para vivir el resto de sus días con la dignidad que merecen.

Como se sabe, los sacerdotes, al ordenarse hacen voto de pobreza, junto con los votos de obediencia y celibato. Y aunque en el canon 281 del Código Canónico se dice que: “Los clérigos dedicados al ministerio eclesiástico merecen una retribución tal que puedan sostenerse a sí mismos y a su familia…”, ellos durante el ejercicio de sus funciones no reciben un sueldo regular. Su retribución depende de lo que se colecta en cada iglesia por la “limosna” durante las misas, y las contribuciones que recibe la parroquia en concepto de intenciones, bautizos, matrimonios y otros servicios religiosos.

Sin embargo, salvo excepciones los ingresos de cada parroquia son escasos porque en Nicaragua la Iglesia católica no cobra los diezmos, que sólo son abonados voluntariamente por un reducido número de feligreses. De manera que por lo general el sacerdote tiene que completar su subsistencia con el apoyo generoso de algunos feligreses.

Los escuálidos ingresos ordinarios de las parroquias tampoco permiten asegurar una pensión apropiada a los sacerdotes que se retiran, ni ayudarles a resolver eventualidades onerosas como, por ejemplo, las inevitables enfermedades. Pero los sacerdotes son conscientes de esa situación y la aceptan abnegadamente, pues al ordenarse se han sometido al canon 282 del Código Canónico en el que se manda: “Los clérigos han de vivir con sencillez, y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad”.

Por otro lado, muchas veces la función y la situación de los sacerdotes no es bien comprendida por la sociedad, salvo los feligreses más cercanos a la actividad parroquial. Incluso algunas personas acusan a los curas de ser parásitos sociales, ignorando o menospreciando hechos tan importantes que ellos realizan, como por ejemplo el de las escuelas parroquiales que existen y funcionan gracias a la iniciativa, el esfuerzo y el sacrificio de los sacerdotes. En esas escuelas estudian casi cien mil niños, o sea aproximadamente un siete por ciento del total de la matrícula (datos del año pasado), en las cuales el Estado únicamente paga los sueldos y prestaciones sociales de una parte de los maestros.

Además es invalorable la función social que ejercen los sacerdotes por medio de las acciones pastorales de la familia, los privados de libertad, los ancianos, los enfermos, etc. Todo eso aparte de la inmensa significación que tiene la labor propiamente espiritual de los sacerdotes, precisamente para la cual fue instituido el sacerdocio, por el mismo Jesucristo, durante la Última Cena que se conmemora el Jueves Santo de cada año.

Para los no creyentes tal vez la función del sacerdote carece de importancia e incluso la consideran innecesaria. Sin embargo, para los creyentes —que constituyen la gran mayoría de la población—, los sacerdotes tienen una importancia primordial porque son las personas autorizadas para consagrar, perdonar los pecados, dirigir a los creyentes y predicar la palabra de Dios.

Los sacerdotes merecen la consideración y el respeto de toda la sociedad y de cada persona en particular, por su entrega al servicio religioso, por el auxilio espiritual que prestan a las personas y por su labor social de gran beneficio humano, sobre todo para la gente más necesitada. Y porque su función es aún más necesaria en la época actual, cuando hay una quiebra de principios y ausencia de valores y, por lo tanto, la sociedad requiere más de paradigmas morales como los sacerdotes.

El hecho de que algunos clérigos incluso de alto rango, a título individual cometan hechos reprobables, hasta delictivos, o que por vanidad y avaricia sucumban a los halagos del poder temporal, no demerita el ejercicio del sacerdocio ni disminuye el valor moral de aquellos sacerdotes que viven consagrados a sus deberes religiosos y sociales, que sólo el bien hacen al prójimo y que son la inmensa mayoría de todo el clero.

Es por eso que todos los creyentes católicos deben contribuir hoy con lo más que puedan, a la colecta tradicional del Miércoles de Ceniza que se lleva a cabo en todas las parroquias en beneficio de los sacerdotes retirados, que necesitan perentoriamente el apoyo de una feligresía agradecida.

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