“Si algo demuestra la experiencia histórica es que pasar por encima de la ley, ignorarla y anteponer a ella intereses personales y de grupo, ha sido la principal fuente de impunidad, arbitrariedad e incertidumbre en nuestro país”. Estas son palabras del expresidente mexicano Vicente Fox en discurso pronunciado el 2004 en el Día del Voceador.
El presidente Ortega, en apenas poco más de un mes en la silla presidencial, se ha ubicado por encima de la ley, basta leer los decretos que ha publicado. Algunos podrán creer que es una novatada de los asesores que lo redactaron, otros que es un error por querer ir muy de prisa, pero si leemos el sobrado contenido político de los mismos no hay lugar para dudas, bastaría señalar que reiteradamente propone una “democracia directa” ajena a nuestra Constitución Política, art. 2, que señala que nuestra democracia es representativa y resultado de un proceso electoral, en donde no hay otras autoridades más que las elegidas legítimamente. Por medio de los “consejos populares” escogidos personalmente desde el Ejecutivo, el señor Presidente pretende construir un gobierno paralelo sustituyendo a los gobiernos municipales que fueron elegidos en las urnas por el pueblo. Además según la Ley 290 estos consejos no pueden recibir sueldos del Estado, pero el Presidente decreta salarios para ellos, equivalentes a los de los ministros, nuevamente ubicándose por encima de la ley. Parece obsesionado en volver a un pasado que ya no podrá repetirse.
Estas acciones son un avance de lo que está por venir, son presagio inequívoco y, como bien dice el ex presidente Fox: son “fuente de impunidad, arbitrariedad e incertidumbre”. Esta última, rampante en el país, tan es así que presenciamos cómo los que antes parecían irreconciliables, dan unos tímidos pero seguros pasos en acciones conjuntas, hacia una unidad en la acción, en la Asamblea Nacional. Los diputados representantes del 62 por ciento han reaccionado a los embates del Ejecutivo, espero que la responsabilidad ante sus electores los mantenga firmes en la brecha, por encima de sus diferencias y de los halagos del poder.
La Presidencial abandonada es casa fantasma, por capricho del Ejecutivo, que con una falsa retórica de ahorro y austeridad trasladó de hecho las oficinas presidenciales a una extensión de su casa de habitación, dañando los símbolos externos del Poder Ejecutivo y por ende la institucionalidad del mismo, al igual que hizo antes con su revolucionario partido. Confusión intencional entre Yo-Estado-Partido. A esto tendremos que agregarle el no menos denigrante abuso de los Símbolos Patrios, distorsionando sus colores y formas caprichosamente, como si fuesen anuncios de productos comerciales. Pero nada es accidental, todo ello responde a un plan. Ese plan no es tortilla, tiene olor a arepas.
Nunca olvidemos que el respeto absoluto a la legalidad, en donde nada ni nadie está por encima de la ley, sin distingos de ningún tipo y sin interpretaciones leguleyas que rayan en lo absurdo, es la base de un Estado de Derecho capaz de fortalecer nuestras instituciones y consolidar el avance democrático. Nicaragua ha pagado un costo muy alto por pasar de un país en donde la fuerza era la ley, a un Estado en donde la ley está por encima de la fuerza. No es hora ni momento de volver atrás. No podemos retroceder.