En el 2006, Japón experimentó una revitalización de su economía, luego de casi una década de deflación, bancarrotas y menguantes ganancias. La bolsa de valores se ha recuperado, y el índice Nikkei de 225 acciones preferidas subió en más de un 200 por ciento en relación al piso que tocó en el 2003.
Los espacios para oficinas y la mano de obra escasean. Las ganancias de las corporaciones registran niveles récords.
Los analistas, los medios de prensa y el gobierno de Japón atribuyen ese crecimiento a la recuperación de grandes corporaciones tradicionales como Toyota, Canon, Nissan y Nippon Steel, y a la consolidación de la industria, que ha creado gigantes financieros tales como Sumitomo Mitsui Banking y JFE Steel.
Con frecuencia se atribuye esa recuperación a cambios estructurales implementados por el gobierno de Junichiro Koizumi.
Pero esos observadores no toman en cuenta buena parte de la historia. La recuperación de Japón es también alentada por compañías emergentes en sectores industriales de conocimiento intensivo. Se trata de compañías lideradas por empresarios en su veintena y en su treintena.
Un nuevo Japón empresarial, algo que en una época se consideró un contrasentido, podría en definitiva eclipsar a las culturas de innovación de China y de la India.
El surgimiento de este nuevo Japón, tan diferente del Japón “viejo”, caracterizado por industrias de capital intensivo, en las cuales grandes compañías manufactureras eran administradas por personas que habían ascendido de manera paciente a través de la organización, es resultado de una confluencia de fuerzas. Una de ellas es un cambio en la percepción pública del empleo.
Cuando la gigantesca empresa financiera Yamaichi Securities quebró en el 1997, muchas personas pusieron en entredicho la aseveración de que trabajar para una gran compañía significaba tener un empleo de por vida. Y los interrogantes planteados condujeron a una erosión de la lealtad entre los trabajadores.
Los jóvenes obreros japoneses de la actualidad no esperan obtener un empleo de por vida, o progresar en sus carreras en base a la antigüedad. En cambio se concentran en avanzar en sus carreras cambiando de trabajo o adquiriendo títulos en universidades.
La nueva mentalidad, a su vez, ha cambiado la percepción pública de los empresarios, que por primera vez representan modelos para ambiciosos jóvenes japoneses.
Kenji Kasahara se convirtió de manera instantánea en una celebridad, a los 31 años de edad, cuando la empresa que fundó, una firma de redes sociales similar a MySpace, llamada Mixi, comenzó a cotizarse en la bolsa de valores en septiembre del 2006 y llegó a alcanzar una capitalización de 229,000 millones de yenes (unos 2,000 millones de dólares) en el lapso de pocos días.
Hiroshi Mikitani, fundador y presidente del directorio de Rakuten, la principal empresa comercial de internet en Japón, ha imitado a empresarios del Valle del Silicón al adquirir equipos profesionales de beisbol y de futbol.
Un Japón empresarial se refleja ulteriormente en un favorable medio para las empresas que lanzan al mercado su oferta de acciones (IPO). Entre el 2001 y el 2005, unas 747 empresas japonesas —comparadas con 617 en Estados Unidos— hicieron ofertas públicas de sus acciones.
De las que ingresaron al dominio público en el 2005, un 96 por ciento de ellas —en relación a un 94 por ciento en el 2004— iniciaron su primer día de transacciones con valores por encima del precio de oferta inicial. Cada vez más, empresas chinas y coreanas lanzan sus ofertas de acciones en la bolsa de valores de Tokio.
Esas nuevas inversiones también se benefician del vigor financiero de Japón. Por ejemplo, Japón tiene una infraestructura de telecomunicaciones altamente desarrollada, incluida una robusta red de banda ancha.
Las tarifas al usuario promedio de internet son mucho más bajas que en otros países en desarrollo, apenas seis centavos por cada 100 Kbp, comparado con 24 centavos en Corea del Sur, 1.77 dólares en Estados Unidos, 1.89 dólares en China, y 2.77 dólares en Alemania. Japón también disfruta de la tasa más alta de penetración de internet a través de los teléfonos celulares. Hay unos 90 millones de usuarios de teléfonos celulares, muchos de los cuales tienen auriculares 3G.
Pero tal vez más importante, la economía japonesa sigue siendo la segunda más grande del mundo, y representa más de la mitad de toda la economía de Asia. Sus nuevas operaciones pueden llegar rápidamente a una masa crucial. Y eso les brinda mayor ventaja que, por ejemplo, en China y la India.
La fuerte base de Japón en una serie de tecnologías e industrias claves, desde animación digital a robótica y nanotecnología, crea un terreno fértil para nuevas compañías en esas zonas.
Cuando se habla del nuevo Japón, la atención es con frecuencia negativa. Algunos mencionan las denuncias sobre el fraude en el mercado de valores contra Livedoor, un proveedor de servicios en internet, o denuncias de abuso de información privilegiada contra el financista Yoshiaki Murakami.
Pero la creciente vitalidad empresarial del país sugiere que en su próxima etapa de prosperidad, Japón será una fuente competitiva de innovación, así como una potencia económica líder.
(Yoshito Hori es presidente de Globis Capital Partners, una firma de capital de riesgo con sede en Tokio, y decano de la Escuela de Administración Global de la firma).