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¿ Va Nicaragua hacia la “revolución bolivariana”?
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es médico

Días antes de ser juramentado como nuevo Presidente de la República, con su característica demagogia cargada de ribetes populistas y disfrazada de una falsa austeridad, pues su reconstrucción está estimada en varios millones de dólares, Daniel Ortega inició su período presidencial tomándose el Olof Palme, ante una evidente actitud de contemplación indolente de las anteriores autoridades del INSS, propietario del inmueble en mención.

La toma de posesión fue sui géneris, pues se realizó en dos actos, en la plaza Omar Torrijos y en la Plaza la Fe. En la primera, donde se encontraban todas las delegaciones extranjeras, no hubo palabras del presidente entrante agradeciendo su presencia, pues el espacio de su discurso en esta plaza se lo cedió a su principal aliado el cardenal Obando, quien pronunció un discurso político con la misma retórica de reconciliación de Ortega.

Curiosamente, con el nombramiento casi secreto de su gabinete, demostró que su discurso de campaña de unidad, solidaridad y reconciliación, no era más que una retórica cargada de expresiones meramente tácticas, ya que el mismo está formado únicamente por sandinistas, sin ninguna representación de otras organizaciones, ni de sus aliados.

Por la víspera se saca el día y para muestra un botón dicen nuestras sabias expresiones populares. Hasta el momento todas las acciones e iniciativas de Daniel Ortega han estado encaminadas hacia la formación de un gobierno centralista, absolutista y autoritario, con una careta, tintes de democracia popular y revestidos de legalidad, con el propósito de eliminar paulatina y progresivamente los espacios de participación democrática existentes hasta llegar nuevamente a la confusión Estado-Partido-Ejército.

Mientras Daniel Ortega estuvo gobernando desde abajo, gracias a las componendas y pactos con su socio político Arnoldo Alemán, impulsaba tácticamente un sistema parlamentario; ahora que está gobernando desde arriba y espero que sea tan eficiente como lo fue desde abajo, ya no impulsa el parlamentarismo, sino un sistema presidencialista con poderes centralizados y absolutos.

Al pacto con el arnoldismo lo continuará manipulando, para seguirlo manteniendo como un aliado táctico. En la medida que logre avanzar en sus objetivos, lo irá necesitando cada vez menos; manteniendo a Arnoldo Alemán como un reo de confianza útil a sus propósitos. A la oposición formal del PLC y ALN en la Asamblea Nacional, buscará cómo mantenerla dividida, pues hoy se goza de los beneficios que le produjo electoralmente esa división. De tal manera, que la clave para Daniel Ortega será mantener dividido el peligroso potencial de unidad y control democrático que representa la unidad legislativa del PLC y la ALN en la Asamblea Nacional. El vergonzoso nivel de oportunismo y servilismo existente en el país, será un factor coadyuvante a sus propósitos.

El escenario político que estamos viviendo es una versión más discreta y camuflada de lo que ya vivimos en los años ochenta. El actor es el mismo; la diferencia está en el guión y en el director.

El proyecto de la revolución bolivariana es una realidad no sólo en Venezuela, sino que ya empieza a expandirse en la región. Para Hugo Chávez era muy importante un triunfo presidencial de Daniel Ortega.

Nunca la izquierda radical latinoamericana había logrado a través de la lucha armada lo que está logrando por medio del espacio político que le permiten los sistemas democráticos a su populismo electorero para llegar al poder. Pero una vez en el mismo vemos la verdadera naturaleza y actitud de estos líderes “mesiánicos” y los objetivos de poder y control de sus proyectos; todos bajo la tutela y fachada de la revolución bolivariana. La toma del poder por medio del sistema democrático les está permitiendo no tener que pagar el costo doloroso del derramamiento de sangre y del extraordinario sacrificio que significa la lucha armada.

Hugo Chávez pretende imponerse como el nuevo líder de la izquierda latinoamericana, se considera la reencarnación de Simón Bolívar y el discípulo heredero de Fidel Castro; pero no tiene la elocuencia, la inteligencia, la capacidad ni la sagacidad que tenía su tutor cubano. Trata de compensar sus deficiencias con el inmenso caudal de petrodólares que percibe Venezuela; los cuales maneja como si fueran su fortuna personal.

Al teniente coronel Hugo Chávez habría que recordarle, al igual que a los politiqueros criollos en sus pretensiones continuistas y para que lo tengamos presente los nicaragüenses, que Simón Bolívar también dijo: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer tanto tiempo a un mismo ciudadano en el poder, el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

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