Los miembros de El Bejuco piensan que los vicepresidentes de la República nunca han podido liberarse de la idea de la muerte del presidente que constitucionalmente podrían sustituir. Se dice que esa idea surge en forma espontánea, inevitable; que se trata de una idea fija, permanente, que se apodera del cerebro de los vicepresidentes. Es una idea que no los abandona nunca y que da rienda suelta a la imaginación.
En la peña creen que el doctor Rizo, en sus vuelos imaginativos, ha de haber asistido en muchas ocasiones al entierro del ingeniero Bolaños. Seguramente se imaginó varias veces presidiendo con gran dolor y solemnidad los funerales de Jefe de Estado de don Enrique.
Recuerdo que un año después que el ingeniero Bolaños tomó posesión de su cargo, los miembros de la peña se imaginaron que el doctor Rizo estaba preocupado por el aspecto completamente saludable del ingeniero Bolaños. Entonces el cuadro dramático de la peña puso en escena en mi casa de Chontales la obra de teatro titulada Diálogo entre Rizo y el médico de don Enrique, diálogo que en ese entonces publiqué en el Diario LA PRENSA.
Ahora en El Bejuco se imaginan también que la idea de la muerte de Daniel bulle en el cerebro de don Jaime. Se imaginan que don Jaime hasta sueña con el fallecimiento del presidente Ortega. Se imaginan que don Jaime sueña con el día en que René Núñez, presidente de la Asamblea Nacional, le va a poner la banda presidencial.
El sábado pasado, el cuadro dramático de El Bejuco puso en escena en Acoyapa una obra de teatro parecida a la mencionada anteriormente. Se trata de la obra titulada: Diálogo entre don Jaime y el médico de Daniel. Los actores que hicieron el papel de don Jaime y de Daniel tuvieron una actuación magnífica. Ambos demostraron tener un extraordinario dominio escénico.
El diálogo entre don Jaime y el médico de Daniel, que se produjo en la imaginación de la peña, tuvo como escenario teatral una de las oficinas de la Secretaría General del FSLN. Fue un diálogo distinto del que sostuvo el doctor Rizo con el médico de don Enrique. Fue menos técnico. Entramos en acción:
Don Jaime: (dándole la mano al médico de Daniel). ¿Cómo está mi ilustre doctor?
El médico: Muy bien, don Jaime, gracias, y usted cómo está, cómo se siente?
Don Jaime: Estoy bien, aunque muy preocupado por los rumores que andan circulando sobre la salud de Daniel.
El médico: No se preocupe. El presidente Ortega está con una salud inmejorable. Es un hombre muy sano.
Don Jaime: Pero se comenta que Daniel tiene problemas cardíacos. ¿Qué hay de eso?
El médico: Ya le dije que el presidente Ortega está en excelentes condiciones de salud.
Don Jaime: También se rumora en forma insistente que Daniel padece de Lupus.
El médico: Es mentira. La gente no haya qué inventar.
Don Jaime: Se habla con insistencia de que Daniel tiene leucemia, que viaja cada tres meses a Cuba a cambiarse la sangre.
El médico: Eso es falso.
Don Jaime: Debo decirle que no es poca la gente que dice que Daniel está gravemente enfermo.
El médico: Eso no es cierto. No le crea a las bolas que hace rodar el comité de rumores del MRS.
Don Jaime: ¿Y por qué a veces se le ve a Daniel con mucha lentitud en sus movimientos, hablando muy pausadamente, con la mirada perdida, algo así como ido, como si estuviera fuera de sí, como si estuviera sedado?
El médico: Son ideas suyas. Me parece que a usted le gustaría que el presidente Ortega se muriera.
Don Jaime: De ninguna manera. A Daniel lo aprecio y lo quiero. Pero por una preocupación constitucional debo estar atento a su salud, pues yo lo sustituyo en caso de muerte, y recuerde que “todos somos de la muerte”.
El médico: (en grandes carcajadas) ¿Usted cree que si el presidente Ortega falleciera (siguen las carcajadas) el FSLN iba a permitir que usted lo sustituyera? (carcajadas incontenibles del médico…).
Don Jaime: Usted ya me está arrechando, respéteme. ¿Qué es lo que le da risa? Explíqueme.
El médico: (con una leve sonrisa) ¿Cree en serio que si el presidente Ortega falleciera el FSLN iba a permitirle a usted asumir la Presidencia de la República?
Don Jaime: ¿Y por qué no? La Constitución lo ordena, y además Daniel ganó las elecciones por mi ayuda, por mi carismática, genial, encantadora y popularmente arrolladora personalidad política. Todos mis seguidores, orientados por mí, votaron por el FSLN. Yo contribuí con trescientos mil votos.
El médico: Me disculpa don Jaime, tengo que irme.
El médico, muy cortésmente, se despidió de don Jaime. De regreso a casa el Vicepresidente de la República iba triste. Las carcajadas burlescas del médico resonaban en su cerebro, carcajadas que eran muy sugerentes y significativas. En la peña se imaginan que quizás las carcajadas del médico conduzcan a don Jaime a liberarse de la idea de la muerte de Daniel y a no soñar más con el cargo de Presidente de la República.