Desde que los liberales nicaragüenses divididos en las casillas del PLC y la ALN, perdieron las elecciones del 5 de noviembre pasado, mucho se habla de la necesidad de que el liberalismo se unifique en un sólo partido.
Se dice que por su división en dos bandos, PLC y ALN, los liberales facilitaron el triunfo de Daniel Ortega en la elección presidencial recién pasada. Y que, por lo tanto, lo menos que podrían hacer ahora es unirse para impedir que se imponga nuevamente un régimen autoritario, así como para derrotar al FSLN en los comicios municipales del 2008 y en las siguientes elecciones nacionales, que serán en noviembre del 2011.
En realidad, la unidad del liberalismo nicaragüense debería ser un asunto de la incumbencia exclusiva de los mismos liberales, ya sean pelecistas o aliancistas, arnoldistas o eduardistas. Sin embargo, como en las casillas de las dos facciones liberales ha votado la gran mayoría del electorado democrático del país, la división y/o la unidad del liberalismo se convierte en un problema que atañe a todos los nicaragüenses demócratas, incluso a los que forman parte de otros partidos o no pertenecen a ninguno.
Es incuestionable que fue por una “generosa” concesión política de los liberales del PLC que Daniel Ortega y el FSLN pudieron ganar la elección de noviembre pasado. En efecto, de no haber sido por la regla del 35 por ciento el señor Ortega no sería ahora el presidente de todos los nicaragüenses. Los líderes del PLC justifican haber concedido esa regla con el argumento de que favorece a todos los contendientes en las elecciones; y señalan que no es su culpa que Eduardo Montealegre y la ALN-PC no pudieran alcanzar esa cifra de votación. Pero lo cierto es que esa aberración del derecho electoral fue incluida en la Constitución Política de la República, para facilitar de manera deliberada el triunfo del candidato sandinista Daniel Ortega, pues los estrategas que diseñaron el pacto libero-sandinista sabían que éste inevitablemente dividiría a las fuerzas liberales .
Pero eso ya es historia. El problema ahora es que se quiere imponer el criterio de que para alcanzar la unidad del liberalismo, la ALN y los demás sectores políticos que no son sandinistas se deben unir alrededor del PLC liderado por Arnoldo Alemán , lo cual significa de hecho que no sólo hay que reconocer su liderazgo partidista sino también aceptar su candidatura presidencial para el 2011.
Eso es lo que se deduce de la propuesta de “unidad” que el PLC le ha hecho a la ALN, la cual se conoce por las informaciones periodísticas. O sea que para contener el ímpetu autoritario de Ortega y el sandinismo, y para derrotarlos en las siguientes elecciones, hay que aceptar el restablecimiento del gobierno que presidió Arnoldo Alemán en el período de 1997 a 2002, con las huacas y demás latrocinios que lo caracterizaron.
Pero la ALN surgió a la palestra política precisamente porque rechazó el liderazgo caudillista y corrupto de Alemán en el PLC. De manera que no tiene sentido venir ahora a desandar el camino recorrido para rechazar el pactismo y la corrupción. Es cierto que la ALN y sus aliados no pudieron alcanzar la mayoría de votos que era necesaria para ganar las elecciones de noviembre pasado. Sin embargo lograron alcanzar un éxito relativo muy importante, al conseguir el 28 por ciento de los votos, y, por lo tanto, lo que deberían hacer es trabajar para aumentar su respaldo popular y conquistar a muchos simpatizantes del PLC que son personas honestas y genuinamente democráticas.
Al respecto nos parece correcto el planteamiento de que la unidad liberal debe comenzar y tiene que pasar por acuerdos de ALN y el PLC para la realización de acciones comunes en la Asamblea Nacional, en defensa de la precaria institucionalidad democrática del país que está asediada por el resurgimiento del autoritarismo orteguista. Es allí y de esa manera que se puede y se debe demostrar si en realidad las fuerzas parlamentarias liberales tienen voluntad e interés por defender la democracia y los espacios de libertad.
Y en todo caso, la contención del autoritarismo sandinista no tiene porqué conducir al regreso del desgobierno y la corrupción alemancista.