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La refinería ESSO de Nicaragua cubre buena parte de la demanda de combustibles, a nivel nacional. (LA PRENSA / ARCHIVO)
Refinería petrolera: entre el norte y el sur
La refinería que se construirá en el país, con apoyo venezolano, a juicio de expertos del sector tiene ventajas y riesgos: por un lado coinciden en que es beneficiosa porque implicará adquirir petróleo a un mejor precio, pero por otro advierten que traerá consigo más contaminación
Luis Núñez Salmerón y Mario José Moncada
economia@laprensa.com.ni
Algunas recomendaciones

La posible construcción de una refinería en Nicaragua significará un importante flujo de divisas para el país, lo cual “resultaría paradójico por la cantidad excesiva de divisas que entrarían al país”, asegura el economista Róger Cerda, quien sostiene que el país podría no estar lo suficientemente preparado para absorberlas.

En principio, esta refinería no sería para competir con Esso que refina pequeñas cantidades.

Por lo que hay que hacer, según Cerda, los estudios de factibilidad que pueden llevar unos dos años, para luego realizar la búsqueda de los recursos, para lo cual, de acuerdo al economista José Luis Medal, se puede hacer una revisión de la cartera de financiamiento concesional de la cooperación internacional que suma unos 350 millones de dólares.

Las recomendaciones de la CEPAL para una estrategia para el desarrollo sustentable del subsector de hidrocarburos en Centroamérica en los próximos diez años establece reducir la tasa de crecimiento de la demanda de hidrocarburos.

Así como mejorar la eficiencia en el consumo de los combustibles, con la utilización de tecnologías y equipos eficientes.

Además de aumentar el uso de fuentes de energía menos contaminantes, e incrementar el intercambio de energía entre los países.

Pocas horas después de haber asumido el poder, el 11 de enero el Presidente de la República, Daniel Ortega, firmaba con su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, un acuerdo para la construcción de una refinería de petróleo en Nicaragua, el país que consume menos crudo en Centroamérica y el que tiene el menor Producto Interno Bruto (PIB) del istmo: 10 millones de barriles al año y 5,300 millones de dólares, respectivamente.

El proyectado megaproyecto, del que aún no se conoce el documento oficial ni mucho menos los planes del inicio de su construcción, el monto de la inversión ni su mecanismo de financiamiento, despierta diversos análisis, incluso políticos, medioambientales y por supuesto económicos.

Puede que sea uno de los nuevos campos de batalla del presidente Chávez, en respuesta al proyecto de construir una refinería mesoamericana, posiblemente en Guatemala o Panamá, impulsado en su momento por el ahora ex Presidente de México, Vicente Fox, y retomado por su sucesor Felipe Calderón, con quienes Chávez tuvo y ha tenido más que un cruce de palabras, al punto de llegar a calificar al primero como “cachorro del imperio” en alusión de Estados Unidos, con el que Caracas mantiene constantes roces pero que es, pese a todo, uno de sus principales compradores del crudo.

La refinería mesoamericana pretende beneficiar, según se ha dicho, a más de diez países de la región, incluyendo México y Colombia, tras una inversión de más de 6,000 millones de dólares y tras ser construida ya sea en Guatemala o Panamá, tendría una capacidad de procesamiento de por lo menos 230 mil barriles al día.

Los planes de Ortega y Chávez, al menos las pinceladas del mismo que se conocen, hablan de que la refinería a construirse en Nicaragua podría procesar 130 mil barriles diarios.

Especialistas empresarios y representantes del Gobierno hablan de la viabilidad de este proyecto, de los retos y oportunidades que podría traer al país.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) destaca en un estudio que, entre las principales deficiencias del suministro de petróleo a los seis países del istmo Centroamericano, se destacan la fuerte dependencia en los derivados del petróleo, fragilidad centroamericana frente a problemas globales del mercado petrolero, impacto en las economías locales por alzas en los precios de petróleo, reducida infraestructura petrolera, debilidad en los planes de contingencia, y estructuras poco competitivas en los mercados nacionales de petróleo.

El organismo proyecta que para el año 2012 el istmo tendrá un consumo total de los principales derivados del petróleo de 128 millones de barriles, en contraste con los 95 millones de barriles que consumió en el 2005.

Por ello recomienda que una estrategia para el desarrollo sustentable del subsector de hidrocarburos en Centroamérica debe procurar el crecimiento sostenido de la economía mediante la satisfacción de las necesidades energéticas de la población, de la industria y del comercio, sin dañar irremediablemente el medio ambiente.

Con ese criterio es necesario que se consideren los siguientes objetivos generales: reducir la tasa de crecimiento de la demanda de hidrocarburos; mejorar la eficiencia en el consumo de los combustibles con la utilización de tecnologías y equipos eficientes; aumentar el uso de fuentes de energía menos contaminantes; incrementar el intercambio de energía entre los países; lograr la consolidación de mercados competitivos, tanto a escala nacional como regional, en todas las formas de energía comerciales, y disminuir y mitigar los efectos de la cadena energética sobre el medio ambiente.

RETOS Y RIESGOS

Sin embargo, la construcción de una refinería en Nicaragua para algunos es viable y para otros trae riesgos, especialmente ambientales. Asimismo coincide la CEPAL en su análisis sobre el mercado de los hidrocarburos en el istmo, que una mayor dependencia del petróleo atraería consigo una mayor emisión de gases contaminantes, lo que contribuiría al llamado efecto invernadero: el calentamiento del planeta.

El especialista en hidrocarburos, Róger Cerda, sostiene que la instalación de una refinería en el país con una capacidad de refinación de 150 mil barriles diarios, es viable y “sería el inicio de la transformación productiva del país”, al criticar la estructura de las exportaciones nacionales por considerar que son las mismas que prevalecen desde la Colonia Española, basada fundamentalmente en los mismos productos: café, azúcar, ganado en pie, cacao y pescado.

No obstante, admite que un proyecto de este tipo implica una serie de riesgos que tienen que ser bien analizados y estudiados con cabeza fría y muy detenidamente.

Sostiene que a nivel mundial, el 15 por ciento de la polución, es decir la contaminación, producida en el mundo proviene de la actividad de las refinerías, con efectos altamente nocivos para la salud humana.

Este es uno de los puntos en los que se debe insistir desde el principio al empujarse la construcción de una refinería, pues la contaminación que generaría constituye una amenaza importante que debe ser superada desde el principio.

Erwin Krüger, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), asegura que la proyectada refinería podría ser un proyecto muy beneficioso para el país. “Nos ayudará a obtener petróleo a mejores precios para distribuir en Centroamérica, lo veo muy positivo”, dice, aunque parece olvidar que en el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), el prometido suministro de petróleo de Venezuela sería, según el texto del acuerdo, bajo las condiciones del mercado y sujeto a las decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), cartel petrolero al que Caracas pertenece y al que ha estado insistiendo para recortar la producción y, con ello, provocar una nueva escalada alcista de los precios.

El economista Néstor Avendaño ve en el proyecto la posibilidad de un mayor acercamiento con el Mercado Común Centroamericano, que dice permitirá además exportar petróleo a otros mercados extrarregionales.

No hay que olvidar, afirma el economista, que este proyecto es “una aspiración de México” que ya había sido planteado con el Plan Puebla Panamá (PPP), en que Guatemala, Panamá y Costa Rica aspiraban a ser la sede de esta refinería, recordó Avendaño.

Esta refinería es parte del Programa de Integración Energética Mesoamericana (PIEM), mediante el cual México está dispuesto a aportar 230,000 barriles al proyecto, a precios de mercado, para que los inversores vendan a su vez los productos refinados a los países participantes e incluso a países terceros si hay sobrantes.

México, con 3.4 millones de barriles diarios de producción, quiere que sus vecinos del sur participen en un esquema de asociación privado y público.

La planta refinadora será construida en Puerto Quetzal, Guatemala, o Puerto Armuelles, Panamá, según decidan los inversores.

Además, sostiene que el refinamiento de la planta que se construiría con apoyo venezolano se haría con base en precios de referencia de Venezuela y no del Golfo de México, que es a como se compra actualmente el combustible que comercia Nicaragua, haciendo más rentable esta inversión.

No obstante, la planta que impulsa México habla incluso de abaratar hasta en ocho dólares el barril de gasolina.

ALERTA DE ENDEUDAMIENTO

José Luis Medal, otro economista, también enciende la luz amarilla. Medal alerta sobre el tipo de inversión que implicaría construir una refinería, ya que puede tratarse de un mayor endeudamiento que resultaría inmanejable. Si es inversión privada no hay ningún problema pero hay que ver de qué se trata el proyecto, afirma.

Como un proyecto de refinamiento y exportación de derivados de petróleo, es factible, pero el Gobierno debe presentar la forma de negociar la instalación de esta planta industrial, asegura.

El plan de México dice que otorgará un contrato de compra-venta de largo plazo de 230,000 barriles diarios de crudo pesado al consorcio que construya la refinería, que sería privado.

Róger Cerda, también ex director del INE, recuerda que a nivel nacional sólo hay cuatro empresas petroleras, Esso, Shell, Texaco y Petronic, además de Tropigas y Zetagas.

De estas empresas, sólo la Esso tiene una refinería con capacidad para procesar 20 mil barriles de petróleo diario, con lo cual se abastece sin problema el mercado nacional, de manera que una súper refinería estaría orientada a abastecer el mercado internacional, tanto regional como extrarregional, agrega.

En el país se consumen 10 millones de barriles de petróleo al año, de los cuales el 65 por ciento es controlado por Esso y Texaco, asegura Cerda, quien agrega que el 65 por ciento de petróleo que se procesa en el país proviene de Venezuela a través de Puerto Sandino en el Pacífico, el 15 por ciento de Ecuador, y el 8 por ciento de México y el resto de varios países.

En el caso de Venezuela, el 65 por ciento es petróleo crudo y el resto es derivados de petróleo.

Cerda sostiene que puede resultar provechoso una alianza petrolera en el marco del Alba, aunque admite que se tiene que ampliar para crear una relación más sólida entre Nicaragua, con PEMEX de México, Petrobrás de Brasil y PDVSA de Venezuela, para compartir esta inversión.

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