No todo estuvo perfecto, pero no hay dudas que los aciertos superaron holgadamente a las imprecisiones en la recién finalizada Serie Final de la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional.
Es cierto, Gustavo Oramas tomó decisiones que eran más aplaudidas en el dogout del Bóer que en el suyo y Norman Cardoze confundió las gradas del palco de primera con el costal de la inicial y tiró hacia allá, mientras la incapacidad felina para mover a sus corredores se volvió alarmante.
Aún con eso, observamos una Final a la altura de las expectativas. Para quienes no sólo ven el qué, sino también el cómo, los cuatro duelos llenaron sus ojos. Hubo más razones para aplaudir que para abuchear por lo que sucedía en el terreno de juego.
Esta fue la Serie Final del Bóer, sacudiéndose la frustración de nunca haber hecho nada significativo contra los Leones, equipo que se había encumbrado en su orgullo y que presenta en su historial el espectacular regreso de un 0-3 a un 4-3 contra los Dantos en la Primera División en 1990.
Ahora la hazaña es esta barrida del Bóer, un hecho sin precedentes en series finales. Y se le propinó a un equipo con mucho balance, fuerte, pero que no mostró el colmillo en el momento cumbre.
Esta fue la Final de Julio Raudez y su par de buenos trabajos que le permitieron el premio de Jugador Más Valioso, pero fue también la serie de Marlon Abea y su brillo consistente con el madero.
Y fue el escenario perfecto para observar en toda su dimensión el gran nivel de utilidad que proporciona Jorge Luis Avellán, el destacado infielder que se lució con el bate, la manopla y su paciencia para recibir boletos.
Eso fue clave. Avellán tomaba bases y tenían que tirarle strikes a Clyde Williams. Y si lo esquivaban, detrás venía Abea, quien no perdonó. Ahí estuvo el factor decisivo. En el funcionamiento preciso de este trío de bateadores, que se articuló como equipo y tomó lo que el destino había reservado para cada uno.
Eso se proyectó a través de todo el plantel y las victorias llegaron como una consecuencia natural. Eso hace a un gran equipo. Y eso fue el Bóer.