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La lógica de lo absurdo
Luis y Verónica González
Los autores han trabajado por la familia en diferentes organismos por más de 25 años

Lo natural y lo lógico es que una madre ame a su hijo y que cuanto más pequeño, débil o indefenso sea ese hijo, más lo ame, lo cuide y lo proteja. Sí, lo natural es que lo ame tanto como para estar dispuesta a dar hasta su vida por su hijo. Una madre que no busca el bienestar de su hijo diríamos que es una mala madre. Una madre que llega hasta buscar la muerte de su hijo diríamos que es desnaturalizada.

Lo natural y lo lógico es que un médico que se ha pasado un buen número de años estudiando para salvar vidas, tal vez con muchas dificultades económicas, desvelos y grandes sacrificios de él y de sus padres, al lograr coronar con éxito su carrera quiera usar su ciencia y habilidades para salvar muchas vidas. Más que ha jurado ejercer su profesión y poner todo su empeño en beneficio de su paciente y nunca hacer algo que pudiera perjudicarlo. Un médico que no busca el bien de su paciente diríamos que es un mal médico. Un médico que incluso le quita deliberadamente la vida a su paciente se convierte en un verdugo. Un médico que lleva a cabo un aborto es un salvaje y desnaturalizado verdugo que profana con sus propias manos e instrumentos el santuario del vientre materno y siega la vida que ha jurado defender.

Los diputados se supone deben defender los derechos de los ciudadanos, especialmente los derechos de aquellos que no pueden hacerlos valer por sí mismos. Al aprobar leyes que permitan y despenalicen el asesinato de seres inocentes e indefensos, como son los bebés en el vientre de su madre, están faltando a sus deberes y se vuelven los principales responsables del crimen de lesa humanidad que es el aborto provocado, en cualquiera de sus formas.

Una de las más importantes funciones de los magistrados es velar porque las leyes se apliquen con justicia. El derecho a la vida está claramente garantizado por la Constitución, por el Código de la Familia y por el Código de la Niñez, así como por otras leyes del país y por tratados internacionales, de los cuales Nicaragua es signataria y que tienen rango constitucional. Cualquier interpretación de las leyes o el darle cabida a cualquier amparo que contravenga el derecho a la vida, aun la frágil y débil que se encuentra dentro del vientre materno, sería un contrasentido y una burla a la justicia.

Pero la lógica de lo absurdo que proponen los que promueven la despenalización del aborto es querer hacer ver que están defendiendo el derecho de las mujeres, que están defendiendo el derecho a la vida, que están protegiendo a los indefensos, que están en contra de la violencia, que están buscando justicia. Y para colmo, esgrimen que la medicina, la técnica y la ciencia están de su parte, que el aborto salva vidas, que el aborto no tiene consecuencias negativas para la mujer y que los médicos están cumpliendo con su deber al practicar un aborto a una mujer que lo pide. La lógica de lo absurdo es querer hacer ver un mal como un bien, querer salvar vidas asesinando seres inocentes e indefensos, querer hacer ver la cultura de la muerte como una solución.

La gran mayoría de los nicaragüenses estamos a favor de la vida y en contra de la cultura de la muerte y aunque podemos y debemos hacer mucho en el campo humano para presionar para que no se despenalice el aborto, no debemos olvidar que la batalla a favor de la vida se libra principalmente en el ámbito espiritual y que poseemos un arma más poderosa que todas las fuerzas humanas: la oración en todas sus formas. La oración persistente y con fe mueve montañas y logra lo que humanamente parece imposible.

Oremos al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, oremos a sus corazones unidos, para que las personas que van a tomar las decisiones dejen que el amor y la gracia de Jesús y de María iluminen sus conciencias y opten por salvaguardar la vida, desde el santuario del vientre materno hasta el día en que Dios, único dador de vida, llame a cada quien a dejar esta vida que pasa y nos lleve a la vida eterna.

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