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Identidad confusa igual a juventud actual
Erick Alberto Ruiz José
El autor es comunicador social

Nicaragua necesita jóvenes con capacidad de crítica. No marionetas del consumismo ni muchachos que se enorgullecen por emborracharse sin asco pero luego van a estrellar la camionetona de “papi” contra un poste.

Jóvenes con las uñas pintadas en negro, muchachitas con faldas cortas y desgarradas, peinados exuberantes, “piercings” por todo el cuerpo, ropa negra, actitudes radicales, el poder del rock en todo su esplendor.

El problema es que la rebeldía no es lo que la gran mayoría de la población joven se imagina. Según expertos en la materia, lo radical del mundo se observó con toda su fuerza en los años sesenta y setenta con la revolución de la cultura “hippie”. Este fenómeno ha tratado de ser imitado diariamente en nuestro país. Al igual que las culturas “punk” y “rap” popularizadas en Estados Unidos.

Actualmente se considera, en el mundo de la “música rock nicaragüense”, que la originalidad nacional está reflejada en las decenas de bandas musicales que han nacido en los últimos años. La presencia es masiva, puesto que existen “artistas” de todos los departamentos del país; convirtiendo a Nicaragua en un pequeño mercado discográfico (aunque no se vendan discos).

Sin embargo, la identidad de los jóvenes está confundida entre lo que representa una verdadera cultura pop/rock con un experimento un tanto desordenado. Según Wikipedia, el pop era lo contrario a la música de culto, a la música clásica. Bajo esta definición entraban estilos como el rock, el funk, el folk e incluso el jazz. El pop era entendido como ese gran grupo de géneros para la gente de escasa cultura musical. Con el tiempo, el pop ha ido ganándose su acepción como estilo musical independiente, librándose, además, del sentido peyorativo y negativo al que se le vinculaba.

Por tal motivo, el pop/rock contempla un estilo de vida contradictorio hacia la cotidianidad, pero en un buen sentido. No obstante, en Nicaragua esta cultura se presenta como una moda; sin reconocer los parámetros reales de este estilo de vida. Los jóvenes expresan este carácter mediante el consumo de alcohol y tabaco, fanatismo hacia grupos musicales, adopción de vestimentas extranjeras y expresiones lingüísticas americanizadas.

Por otro lado, esta “rebeldía” (o imitación de la misma) también se presenta en un grupo de personas que asemejan las formas de vida de los hippies. En muchas aceras de las calles de Managua y otros departamentos, podemos encontrar a numerosos comerciantes de artesanías alternativas como collares, pulseras, camisetas, etc.

Definitivamente las culturas extranjeras en torno al pop/rock permiten que los jóvenes confundan los géneros musicales. En nuestro país vamos a ver a las mismas personas asistiendo a los conciertos tanto de reggaetón como de rock. Al parecer, estas conductas son muy bien aceptadas dentro de la juventud. Pero este desorden de identidades provoca que no se tomen decisiones adecuadas ni se piense en el bienestar general de todo el país. Esto lo vimos en las recién pasadas elecciones nacionales, donde se vio una gran masa de jóvenes opositores al caudillismo político. Pero el resultado no fue tan alentador como muchos de ellos deseaban. ¿Verdad Judenic?

Es un tanto emocionante ser testigo del poder que los jóvenes representan. Sin embargo, no se puede confiar en que la respuesta a todos los conflictos del país se pueden resolver con este recurso. Ya lo dice una canción muy popular en la actualidad: “El nica no se ahueva porque todo le vale v… Con un cigarro en las tapas siempre la pasa diav…” ¡Qué gran empuje para enriquecer el intelecto juvenil nicaragüense! Como estas canciones hay muchísimas otras. Son incontables.

Al mismo tiempo, algunas radioemisoras se empeñan en “apoyar” el arte nicaragüense programando sin parar las canciones de los grupos nacionales. Igualmente existen teatros, agrupaciones literarias, minorías artísticas selectas, etc. Todos trastornados por el expansionismo cultural de otros países.

Por estas razones se despierta una realidad urgente. En Nicaragua necesitamos jóvenes con una gran capacidad de crítica. No necesitamos marionetas del consumismo mundial ni niños adinerados que se enorgullecen por tomar una Toña o Victoria entera sin hacer muecas de asco. No necesitamos jóvenes que fuman como locomotoras y que luego manejan la “camionetona” de papi para estrellarse contra un poste de luz.

De todas maneras, hay que celebrar la rebeldía actual. Pero esta debe significar algo más que la supervivencia del “rock nicaragüense”. Lo ideal sería que se mantenga vivo el espíritu de la música, pero que se piense fuera de la caja y que se luche por causas más importantes.

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