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La delicia nocturna de la música de Amadeus Mozart es inseparable del dramma giocoso de la ópera Don Giovanni. La maravillosa señal está dada desde que el director musical Juan Manuel Arana asoma la cabeza para indicarnos que con su leve meneo, con su asentimiento, queda inaugurada la grandiosa noche en la cual se puso la ópera bufa en dos actos con libreto de Ponce, el poeta amigo del creador de su música. Es que el batutista oculto en la fosa es el estratega de todo ese derroche de motivaciones cuando sube y baja el tono, cuando se interpone para darle sentido al acto de las transiciones o ser el símbolo sonoro de las pausas en el escenario.
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