En la columna anterior (viernes 26 de enero), que versó sobre Télefo, dije que éste era hijo de Heracles (Hércules). Así fue, y su madre era Augea, hija de Áleo y Neera, reyes de Tegea,
Cuando Áleo consultó a los dioses sobre el destino deparado por los dioses a su hija, el oráculo le dijo que un sobrino-nieto mataría a sus tíos-abuelos y reinaría en su lugar. Ante tan oscuro vaticinio, Áleo decidió consagrar su hija a la diosa Atenea, a fin de que se conservarse virgen para siempre.
Pasó el tiempo y un día por Tegea pasó Heracles (Hércules), quien andaba cumpliendo sus grandes hazañas. Áleo agasajó al héroe con una fastuosa cena durante la cual Heracles se emborrachó y violó a la hermosa Augea, sin saber que era la hija de su anfitrión.
Augea quedó embarazada y Áleo, al enterarse, entró en furia y mandó que la llevaran al bosque y la mataran. El soldado encargado de matar a Augea llevó a la muchacha al Monte Partenio, pero no cumplió la macabra orden sino que la dejó abandonada en la espesura. Allí, en una cueva, Augea dio a luz a su bebé —a quien llamó Télefo— y vivió durante un tiempo, hasta que fue descubierta por unos traficantes de esclavos que la hicieron prisionera y se la llevaron para venderla en algún lugar. El bebé Télefo quedó abandonado pero sobrevivió gracias a los cuidados de una cierva.
Augea fue llevada hasta Pérgamo, ciudad de una antigua región helénica del Asia Menor llamada Misia, donde estaba situada también la ciudad de Troya. En Pérgamo reinaba entonces Teutrante, quien sintió compasión por aquella esclava que era tan bella y tenía porte de princesa, de manera que la compró y la adoptó y quiso como si hubiera sido su propia hija.
El tiempo siguió su curso y cuando el niño que había sido abandonado en el Monte Partenio se hizo mayor, fue a preguntar a los dioses sobre sus padres. Entonces el oráculo le dijo a Télefo que fuera a Misia, donde podría encontrar información que aclarara sus inquietudes.
Télefo fue a Misia y llegó precisamente cuando Pérgamo estaba siendo asediada por feroces enemigos, y ante esa situación Teutrante había ofrecido que a quien pudiera derrotar a los invasores, le entregaría la mano de su hija Augea y la sucesión del trono de Misia.
Télefo, quien por ser hijo de Heracles (Hércules) tenía dotes de gran guerrero y era un hombre de gran valentía, libró a Pérgamo de sus enemigos y ganó el premio ofrecido por Teutrante.
Ya se iba a consumar el matrimonio de Télefo con Augea cuando de repente ella tuvo un extraño presentimiento, y decidió matar con un puñal a su flamante marido, en el lecho nupcial. Sin embargo, en ese mismo momento los dioses enviaron un mensajero para impedir que Augea cometiera el delito de filicidio y evitar que Télefo incurriera en incesto, otro grave delito aunque se cometiera en ignorancia del parentesco.
Al revelarles el mensajero divino la relación familiar que había entre ellos, Augea y Télefo se reconocieron y decidieron regresar a su patria, Tegea, para lo cual fueron ayudados por Teutrante. Cuando madre e hijo llegaron a Tegea ya el rey Áleo había muerto y reinaban despóticamente sus hermanos. Télefo les reprochó su proceder, pero los déspotas agredieron al sobrino nieto, quien los mató en la lucha.
Y así se cumplió una vez más el inexorable destino señalado por los dioses a través del oráculo.