La crisis del sistema educativo nicaragüense deriva de la incapacidad que hasta ahora hemos tenido como país para dar una respuesta adecuada a los grandes retos que el sistema debe enfrentar y que son los mismos que enfrentan la mayoría de países en desarrollo, principalmente: Ampliación sostenible de la cobertura en todos los subsistemas, reducción de las inequidades, tanto en el acceso como en los resultados, mejoramiento de la calidad y relevancia de la educación, necesidad de estructuras de gobierno y prácticas administrativas más efectivas y eficaces.
Naturalmente, en el caso de Nicaragua estos retos aún pendientes se enmarcan dentro de una situación política muy compleja y una no menos compleja situación económica, que han determinado la que hasta ahora ha sido la faceta más visible de la crisis: el financiamiento de la educación.
La designación del equipo que está al frente del Ministerio de Educación, dirigido por el profesor Miguel de Castilla, me parece que ha sido un acierto del nuevo gobierno, conociendo la capacidad, experiencia y compromiso con la educación de los principales miembros del nuevo equipo de dirección.
Las primeras decisiones tomadas por el nuevo Ministro y su equipo responden, sin lugar a dudas, al enfoque que el nuevo gobierno pretende dar a los principales problemas sociales del país. Creo que nadie duda tampoco que estas primeras medidas son importantes y necesarias.
Sin embargo, la forma en que se han adoptado estas medidas hace que nos preguntemos ¿cuál es la política educativa? y, ¿cómo se enmarca esta política en el plan del nuevo gobierno?
Hasta ahora las principales medidas que se han adoptado han dejado la impresión de que se está actuando sin una visión integral del problema y pensando más en el efecto subjetivo que las medidas pueden tener en el estado de ánimo de la población hacia el gobierno y no en busca de soluciones reales y efectivas.
Seguramente las autoridades del MECD están claras de que el problema de la educación no se resolverá nunca sin un enfoque integral y sin que exista una política y un compromiso de todo el Estado.
Mientras se piense que este es un problema que atañe sólo al Ministerio de Educación es muy poco lo que se podrá avanzar para lograr el cambio profundo que demanda la gravedad de la crisis del sistema educativo.
Pero tan importante como la concertación de todo el Estado en torno a una política educativa es la concertación con la sociedad civil y, sobre todo, con los maestros.
Si hay un área en que la participación de la sociedad civil es esencial, es en la búsqueda de solución a los graves problemas que aquejan al sistema educativo.
Hasta ahora, las señales del nuevo gobierno no han sido muy claras. Si bien se habla mucho de nuevas formas de participación social, no hay claridad sobre la verdadera profundidad y los alcances de las mismas. Crear espacios sólo para escuchar y dar poder a los sectores afines al gobierno sería la forma equivocada de abordar el problema de la educación en Nicaragua.
Finalmente, debemos estar claros que la solución del problema no se dará como producto de decretos y de los buenos deseos del Ministro y su equipo. Sin la participación decidida y comprometida de los maestros es muy poco lo que se puede cambiar.
Las declaraciones del señor Ministro sobre el manejo de los fondos en los centros educativos autónomos y la falta de diálogo con los maestros para explicarles las medidas que se están tomando no deben ser la tónica de la nueva relación entre el Ministerio de Educación y los maestros.
Sigue por verse cómo se expresará en los hechos el discurso de unidad y reconciliación de las nuevas autoridades de gobierno. Pensar que sólo porque se actúa y se toman medidas en nombre del pueblo y de los pobres lo que se hace está bien y debe gozar del reconocimiento automático de toda la población es ingenuo y hasta peligroso.
No sería la primera vez que en nombre del pueblo se justifican los abusos y las incompetencias. La educación es el terreno más propicio para unir y reconciliar las voluntades y esfuerzos de todos los nicaragüenses, pero esto sólo será posible si los dirigentes actúan con humildad y con una sincera disposición a escuchar y hacer participar a todos los que tienen algo que decir para mejora la educación.