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Las mascotas de Salvador Cardenal son un par de pececitos de colores. (Fotos/LA PRENSA/O. Valenzuela/Fotoarte/E. Morales rivas)
Esas fieles “AMIGAS”
Los artistas nacionales conversan con ellas, les cuentan sus secretos, les dedican canciones y hasta lloran su partida. Son esos seres “irracionales” que ocupan un lugar especial en muchos hogares: las mascotas
Rebeca Arcia M.
revista@laprensa.com.ni

Todos los días, desde las dos de la madrugada, el cantautor nicaragüense Otto de la Rocha escucha la voz de su mascota favorita. No es el ladrido de un perro, ni se trata del maullar de un gato, es el canto de un animal que muchos tienen en sus casas, pero que pocos consideran una mascota: es “Daniel”, su gallo.

Y don Otto no se conformó con tener únicamente a “Daniel”, sino que lo hizo acompañar por una docena de gallinas a las que también considera sus mascotas, aunque mantiene con firmeza que su favorito es “Daniel”, quien lleva ese nombre por pura casualidad y no en referencia a ningún personaje público del país.

De las gallinas a la que más quiere es a “La Juanita”, la que desde que lo ve entrar al corral se le acerca como dándole la bienvenida. “Ve qué linda, como creció aquí y yo le daba de comer, no es arisca ella”, dice don Otto, mientras se agacha para verla más de cerca.

Desde que adquirió a los primeros cuatro animalitos ya han pasado tres años, ahora son más de una docena y le aseguran que todas las mañanas su familia tenga un huevito frito en el plato del desayuno.

A COLORES

Las mascotas del también cantautor nacional Salvador Cardenal en nada se parecen a las gallinas de don Otto. Él tiene un par de pececitos de colores dentro de una pequeña pecera ubicada en la terraza. Cardenal promete que muy pronto les conseguirá una más cómoda.

Cuando estas lindas mascotas ven que se acerca su dueño y se desplaza por las orillas de la pecera, ellas se van moviendo al mismo ritmo, como tratando de adivinar las intenciones de Cardenal, las que generalmente son para darles sus alimentos, aunque también lo hace cuando quiere platicar con ellas o confesarles algún problema.

AMIGOS ÍNTIMOS

Noel Portocarrero, conocido como “Chipi”, integrante de la banda musical Tamuga, tiene un perro, un gato y una lora como mascotas. Él dice que gusta mucho de los animales, aunque la lora no lo quiere. Sin embargo, “Lázaro” (el perro) y “Manchitas” (el gato) son muy buenos amigos, incluso “Manchitas” se desvela junto a él y “Lázaro” lo acompaña desde que era un niño.

Aunque los tres artistas tienen animales diferentes, todos tienen algo en común: platican, juegan y se divierten con sus mascotas. Son algo así como amigos íntimos dignos de toda confianza, tanto que los consideran un integrante más de la familia y “alguien” que jamás comentará las conversaciones que sostienen con ellos.

A MEJOR VIDA

Según la psicóloga María José Delgado, de la Policlínica Sol y Luna, cuando una mascota fallece, el dueño siente la pérdida, porque es tan grande el cariño que han depositado en ese ser que se les hace difícil asumir que ya no están.

“Tenés que tener un grado de madurez de que sepás que así como se van las personas, también los animales, y saber diferenciar que un animal, aunque te encariñés con él, no va a valer lo que vale una persona”, enfatiza Delgado.

Sin embargo, hay quienes no superan la pérdida de sus mascotas y por eso no vuelven a adquirir otra. Como el caso de Lya Barrioz, cantante nicaragüense, a quien en diciembre del 2005 se le murió “Surbaw”, un perro que vivió con ella durante trece años.

También, en ese mismo año murió “Tortuguina” una tortuga del escritor y poeta Carlos Rigby.

De esa lista no se escapa el antes mencionado Salvador Cardenal, quien hace dos meses vio la partida de “Tucanto”, un tucán que vivió con él tres años y en memoria de él escribió una canción. “Yo pensaba todos los días liberarlo”, dice mientras mira la jaula vacía y en sus manos sostiene el pico colorado que le quedó de su ya desaparecido amigo.

A todos ellos, nuestro más sentido pésame.

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