Para que Nicaragua siga por el sendero de la prosperidad, el nuevo gobierno del presidente Ortega encuentra circunstancias que favorecen su gestión.
Nicaragua tiene hoy la gran oportunidad de seguir creando empleos productivos para asegurar una vida digna a más nicaragüenses. En el gobierno del ingeniero Bolaños se crearon por primera vez en nuestra historia más empleos por año (2005) que los nicaragüenses que se integraban a la fuerza laboral (datos oficiales del BCN).
Las inversiones se han incrementado, entre otros en los sectores de la industria, turismo, agricultura, pilares fundamentales de nuestra economía. Los mercados se han ampliado con los acuerdos firmados con Estados Unidos de América y Taiwán, se seguirán ampliando con el Tratado de Asociación Comercial que está en proceso de negociación con la Unión Europea. Esto asegura el atractivo nacional hacia la inversión y con ello la creación masiva de más empleos productivos y permanentes en el tiempo.
Lo importante es conservar lo que tenemos, y buscar nuevos horizontes en donde podamos ampliar más nuestros mercados y nuestras perspectivas de desarrollo, en beneficio de los más pobres.
Procesos como el Alba, anhelo de generaciones de latinoamericanos, se enfrentan a la realidad y circunstancias de una vida en un mundo que evoluciona y se hace cada vez más pequeño, debido a los avances y a la inventiva del ser humano.
La unidad de Latinoamérica en una sola nación, hay que analizarla, consultarla e impulsarla con realidades, es una aspiración muy seria, que debe ser considerada repito con mucha seriedad y responsabilidad. Para unirnos los latinoamericanos en un régimen federativo, a como lo hicieron los Estados Unidos de América, hoy la nación más poderosa del mundo, como lo están haciendo hoy con éxito, los países europeos, hay que tener mucho cuidado.
Son acciones que no se producen de entusiasmos repentinos ni de medidas populistas. Se deben estudiar primero las asimetrías entre nuestros pueblos, en los aspectos de educación, salud, infraestructura, reglas macroeconómicas y sistemas de justicia, sin entrar aún en las consideraciones de ideologías políticas también asimétricas.
Si queremos impulsar este tipo de procesos, bienvenido, pero no cometamos los errores que se han cometido en el pasado, el más reciente, la Unión Soviética y su fracaso. No queramos correr, antes de gatear.
La aspiración de la unidad latinoamericana es una aspiración que ojalá logre avanzar en el transcurso inicial de este siglo.
Apartando los entusiasmos populistas y probablemente torpes de algunos de loS visitantes que asistieron a la toma de posesión del nuevo Presidente de Nicaragua, debemos de considerar sus propuestas analizando:
1. La viabilidad real de esas ofertas y su eficiencia para su implementación en el tiempo.
2. Los beneficios que estos verdaderamente puedan traer para los más desfavorecidos de nuestro pueblo.
3. Su complementariedad con los acuerdos existentes con los otros países del mundo, que unos no anulen a los otros, sino que estos se complementen para lograr el beneficio que Nicaragua espera.
Acciones que se deben implementar de inmediato es la condonación de la deuda venezolana a través del programa HIPC, la donación o préstamo concesional, para la construcción de la carretera Río Blanco-Puerto Cabezas, proyecto que fue ofrecido desde tiempos de la Presidencia del ingeniero Bolaños y nunca se concretó positivamente.
Estemos claros, que la solución permanente al problema de energía se da únicamente con la explotación de nuestros propios lagos, ríos y volcanes. A ello se debe dar prioridad en el Ejecutivo y en la Asamblea Nacional, para acelerar la verdadera solución no para entorpecerla.
Las medidas paliativas basadas en la dependencia del petróleo, son eso únicamente, probablemente, son acciones faltas de eficiencia y de economía real para los bolsillos de los nicaragüenses.
La actitud del presidente Ortega, ante estas expresiones han sido, a mi juicio, prudentes, reflejaron el agradecimiento hacia la intención, pero sin hacer propiamente suyas las divagaciones ideológicas y peyorativas de los invitados oferentes.
Ojalá el presidente Ortega, mantenga esta prudencia en el tiempo y no se deje entotorotar por amigos que desconocen la realidad, necesidad y forma de pensar de la mayoría del pueblo nicaragüense sin ninguna distinción.
El enemigo acérrimo de la pobreza es la riqueza. Para vencer la pobreza hay que producir riqueza. Sacar a los pueblos de la pobreza es crear riqueza y es la responsabilidad del Estado, promover e incentivar la creación de la riqueza y distribuir ésta con equidad, honestidad y libre de toda corrupción, para beneficio de los más pobres del país.
Hay una vía señor presidente Ortega.