Fue como si súbitamente, el Sol se apagara con sus baterías descargadas.
Ahí estaba Henry Roa, pero no era él. Su mecanismo de reloj suizo había sido desajustado, y su swing dejó de funcionar con precisión.
Daba la impresión de no saber dónde había nacido, haber olvidado cómo rugir, preguntarse ¿qué diablos estaba haciendo en el cajón de bateo?, y sentirse desarmado frente al pitcheo enemigo.
Roa, reducido a la inutilidad, provocaba asombro y preocupación.
Pero reaccionó a tiempo, volvió a crecer, a ser efectivo e incidente con el madero, y reactivarse como factor para los leones.
No pudo regresar a la esfera de los trescientistas, pero recuperó su reputación de temible, sobre todo en situaciones de máxima presión.
“Estoy lo suficiente afilado para esta final. Así que van a ver al Henry Roa que todos conocen”, dice con esa mezcla de firmeza y sencillez que lo caracteriza, como una silenciosa amenaza.
“Cierto, con la adquisición de Julio Raudez y Miguel Pérez, el pitcheo abridor del Bóer que cuenta con Juan Figueroa y Miguel Gómez, se ve muy profundo, pero tienen que admitir que nosotros tenemos una alineación con mucha capacidad de agresión, capaz de doblar cualquier brazo”, apunta quien ha sido varias veces verdugo implacable en Series Finales.
“¿Qué hay del pitcheo que tenemos?”, pregunta, y agrega: “Los bateadores de ellos estarán en serios problemas buscando cómo fabricar carreras. Arístides Sevilla, Willie Lebrón, Luis Portobanco y Edysbel Benítez, puede meter su pólvora en el congelador”.
—¿Qué es lo seguro?
Que la serie será electrizante de punta a punta, sin importar el número de juegos, por el equilibrio de fuerzas.
—¿Cuál es la mayor ventaja de los Leones, si es que tienen alguna?
La fiereza. Nosotros somos más difíciles en Series Finales, porque tenemos los corazones más grandes.
—Este Bóer podría ser más fiero que ustedes y tener tan grandes corazones.
Yo nunca subestimo a los adversarios. Eso lo aprendí desde pequeño, pero es difícil ser más que nosotros en una final.
—Cuidado te atrapa otro slump.
No lo creo. No en un momento como éste cuando todo León espera lo mejor de mí. Mis muñecas están rápidas y precisas, mis piernas consiguieron la abertura requerida y mi cintura sigue siendo flexible. Veo bien las pitcheadas, las rápidas y deslizantes y también las retorcidas. No me domarán.
—¿Has estado durmiendo bien?
Sí. Sólo pienso en otra coronación".
Ahí esta Heny Roa debidamente corregido. Ya recordó donde nació, de dónde viene y para qué está en el cajón de bateo.
Es decir, nuevamente se ha convertido en una seria amenaza para sus rivales en la Serie Final.