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Ernesto González Valdés
Los padres tenemos un papel a jugar en la creación y consolidación de este hábito
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

¿Por qué no les agrada la lectura?

Observas a tu hijo mirando la televisión, dando patadas al balón, hablando horas interminables “jalando” con la novia de turno, dando patadas a la pobre pelota de futbol, pero tomar un libro y leer... nada, absolutamente nada.

La afición a leer, que los padres valoramos tanto, parece ser el último recurso para nuestros hijos. El colmo está cuando nos traen los resultados de los exámenes o simplemente vamos a la reunión de padres y el profesor guía nos señala que quedó aplazado, porque no leyó bien las preguntas y por ende sus respuestas andaban por “los eleolo chico de los palotes o por los aguacates”.

¿Qué hacer? ¿Responsabilidad exclusiva de la escuela, hacerlos leer?

Existen procedimientos, técnicas de lectura que permiten adquirir ese hábito, como gusto, afición. Plantea Eveline Charmeux , en su obra Cómo fomentar los hábitos de lectura, donde distingue dos clases de lectura: la lectura funcional y la lectura de placer. Mediante la primera, los lectores obtienen información, solventan situaciones. Es la lectura necesaria para resolver un problema, para conocer las reglas de un juego o un deporte, para saber cómo armar un objeto.

Los padres tenemos un papel a jugar en la creación y consolidación de este hábito. Pero hay que tener claro que las estrategias para lograr dicho hábito, presentan peculiaridades diferentes a las que solemos emplear para conseguir otros propósitos.

Muchas veces las aficiones y los gustos están más ligados a la afectividad que a la efectividad. Más próximo a la persuasión que de la obligación. Se trata de conseguir que el hábito nazca de los propios niños y jóvenes, inclusive adultos, de crear las condiciones favorables para que surja de ellos el deseo de leer, y de seguir leyendo.

Existen diversos recursos, procedimientos que favorecen dicho hábito, tales como: crear en casa un ambiente de lectura donde siendo los padres ejemplos en ser los primeros en leer; buscar libros cuyos temas guarden conexión con las aficiones del futuro lector; conocer la biblioteca pública del barrio; incluir en las salidas de compras una vuelta por una buena librería. Aunque no se compre nada, es bueno ver las novedades que han aparecido, o qué hay sobre un autor o un tema que le interesó y finalmente que no debemos impacientarnos, si vemos que estas estrategias no funcionan a la primera. Justamente porque actúan de manera indirecta, cuesta a veces que arraiguen desde el primer momento. A base de tantear, de descubrir sus aficiones y sus inquietudes se puede ir marcando la línea por la que desarrollar este hábito de manera efectiva, y, sobre todo, afectiva.

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