A sus 64 años, el escritor y ensayista nicaragüense Sergio Ramírez (…) es implacable cuando afirma: “El gran fallo diplomático de Daniel Ortega, y por el cual va a pagar más adelante un costo muy alto, es no haber honrado con el mismo tratamiento a Felipe Calderón y a Hugo Chávez, los representantes de dos países que aspiran a ser polos de influencia sobre Centroamérica”.
Entrevistado por Milenio Diario en Managua, en los días en que su ex compañero de fórmula, el ex presidente Daniel Ortega, ha vuelto a lucir la banda presidencial, Ramírez consideró que “nadie puede despreciar en Nicaragua el tradicional peso que México ha tenido en Centroamérica. A mí me hubiera gustado que Ortega hubiera preguntado a Felipe Calderón por el Plan Puebla-Panamá, es de interés de Nicaragua y Centroamérica saber qué pasó, si se va a revivir, si va a tener reajustes, si se sigue pensando en crear aquí una red de infraestructuras, de puertos, de almacenes de depósito de combustibles para enlazar la economía de México con la de Centroamérica. Para mí eso es algo muy importante, pero me parece que hubo como una especie de interés en que se supiera que había jefes de Estado de dos niveles, Chávez y más abajo Calderón y los demás”.
La condecoración
(…) En el acto oficial en una plaza pública, ante dos mil invitados y 16 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos el presidente Felipe Calderón, quien se estrenaba en su primera gira internacional, Ortega, de 61 años, hizo visible con profusión de abrazos y menciones laudatorias su preferencia política por sus pares de Venezuela, Hugo Chávez; de Bolivia, Evo Morales, y de Cuba, el casi desconocido vicepresidente Machado Ventura, a costa del resto de invitados.
Por añadidura, las bailarinas del ballet folclórico encargadas de colgar del cuello de cada jefe de Estado una medalla conmemorativa, entregaron de más y cuando le tocó el turno a Calderón, ya no había.
La gafe fue, al menos, pareja: tampoco alcanzaron preseas Chávez y Ventura.
El cariño a costa del protocolo
Preguntado si el entusiasmo danielista hacia Chávez fue “un mensaje hacia adentro o hacia afuera”, Ramírez contestó que “las torpezas no se pueden dividir”.
“En primer lugar —dijo—, la imagen presidencial de México va más allá de las circunstancias políticas internas. Es decir, la imagen presidencial de México es el Presidente que está representando al país, viene aquí a representar a México en una transmisión de mando, el Presidente de México viene a un país pequeño… Está bien que Chávez o Ventura sean sus invitados especiales, los asuntos de cariño no pueden gobernarse mediante el protocolo, pero el protocolo sirve justamente para poner a todos, en términos formales, al mismo nivel”.
Peligroso, hablar de “presidencias perpetuas”
(…) Ramírez rechaza que gobernantes que llegan al poder mediante la legitimidad de las urnas “piensen que los tiempos establecidos por la ley y las Constituciones son un estorbo a sus planes de largo plazo y entonces comienzan a cambiarlos o estirarlos, que es lo que ocurre en Venezuela”.
Para Ramírez, que considera que “en Nicaragua ya se comienza a tantear la temperatura del agua hablando de elecciones sucesivas”, la única manera de avanzar en transformaciones profundas es a través del marco institucional y de la alternancia en el poder de la verdadera democracia, porque las reelecciones continuas nos llevan a un sectarismo institucional, al monopolio a través de la verdad de que ‘quien tiene las ideas correctas es el que tiene el poder’ y por tanto es correcto que se deshaga de sus adversarios”. (...)
Ramírez explicó al respecto que para Centroamérica “hay tres piezas claves que son México, por razones históricas; Venezuela, por la fuerza del petróleo, y Brasil también, por razones de influencia neoeconómica. Son tres potencias(...)