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28.01.07
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Noticias >> Religión y Fe
Dios es amor
Neguib Kalil Eslaquit
SACERDOTE CATOLICO

Dios es amor la Biblia lo dice, Dios es amor, San Pablo lo repite, Dios es amor, búscalo y verás, en el capítulo cuatro, versículo ocho, primera carta de Juan. Esta es una estrofa de un hermoso canto que entonamos con frecuencia.

El apóstol San Pablo, al referirse y cantarle al amor, que es Dios, y lo que debe de ser ese amor de Dios en nuestras vidas, en su primera carta a los Corintios en el capítulo doce, nos expresa que lo único que vale la pena es el amor.

Sin amor, somos como campana que toca, o platillos que resuenan, y aunque habláramos las lenguas de los hombres y aún de los ángeles, y se nos dieron dones, o diéramos hasta nuestra propia vida, si no lo hacemos por amor, no somos nada.

Dios Padre nos ha dado como cinco muestras de ese gran amor que nos tiene.

Primero. En la Creación. Dios opta por el mundo, por el universo, por las bellezas que nos relata de una forma poética el libro del Génesis, los astros, la tierra, los mares, las flores, las estrellas, la luz, la armonía, el canto, los colores, por eso, debemos luchar por conservar toda esta naturaleza perfecta que Dios nos ha dado, y no destruirla.

Segundo. En la Encarnación. Dios opta por el hombre. Su obra máxima había sido el hombre, creado a su imagen y semejanza. Pero tanto ha amado Dios al mundo que nos envió a su Hijo Único Jesucristo, para que tengamos vida en abundancia. Al asumir Jesús, que es Dios, nuestra condición humana la ha redimido. De allí deducimos la dignidad de cada ser humano, el respeto que nos debemos a nosotros mismos y a los demás.

Tercero. En la Cruz. Dios opta por los pecadores. En el sacrificio cruento de la cruz, el momento máximo de la redención de Cristo, el Señor cargó sobre sì todos los pecados del mundo. Ama al pecador, pero no al pecado. El único pecado que no puede perdonar Dios es aquel que uno no quiere que le perdone. Es pensar que nuestros pecados son más grandes, que el amor que Jesús nos tiene. Cubrámonos con la Sangre de Jesús en todo momento. No tengamos ningún temor, pues el demonio como decía San Agustín: “es como un perro furioso, pero amarrado”. Tengamos cuidado de no acercarnos a ese perro furioso, porque siempre está atento a quién se acerca a èl, con sus mentiras, para devorarlo.

Cuarto. En la Resurrección. Dios opta por la vida. Si Jesús no hubiese resucitado vana sería nuestra fe. Pero Jesús, por obediencia al Padre, fue resucitado de entre los muertos, y con Él, todos nosotros, también somos resucitados. Cuando pensamos que en nuestra vida ha muerto la ilusión, la generosidad, el entusiasmo, los sentimientos bellos, por cualquier motivo que sea, el Señor Jesús los resucita, como resucitó a aquella niña, hija de Jairo, y a aquel joven, hijo de una viuda del poblado de Naim, y a su amigo Lázaro. El Señor es un Dios de vivos y no de muertos.

Quinto. En Pentecostés. Dios opta por la Iglesia. El Espíritu Santo se derramó como perfume precioso y nació la Iglesia católica, Una Santa y Apostólica, aquel día, cuando más de ciento veinte personas, en torno a la Virgen María, siguiendo el consejo de Jesús, que pidieran al Consolador, fueron bautizados con fuego del cielo, y se anuncia desde ese momento el mensaje de la Buena Nueva en todas las naciones.

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