Si de concepto abstracto se trata, este sentimiento puede considerarse subjetivo, así como de fácil y de lógica interpretación, que luego de nuestro “pienso luego existo” se puede experimentar en determinados momentos de la vida y ante objetos fijados, entiéndase por objetos aquello que indispensablemente recibe el afecto.
No es de más mencionar que el tema de los afectos es una cuestión esencial en el ser humano y por lo tanto, no podemos estrujarlo en un axioma absoluto. Es una temática que camina la frontera de lo psicológico y de lo antropológico.
Serpenteando este zenit, me aferro a las interpretaciones que algunos han osado perpetuar. Para el filósofo Martin Buber “amar a alguien significa ofrecerle toda nuestra personalidad para ayudarle a crecer como persona. Pero mientras no seamos auténticos, tampoco el otro lo será. La honestidad crea honestidad. La falsedad crea falsedad. Si no tenemos miedo de ser nosotros mismos, tampoco el otro lo tendrá.
La respuesta a la pregunta: “¿Qué puedo hacer para ayudar a otros a llegar a ser ellos mismos?”, es: “no hagas nada. Sé tú mismo”.
“El amor no es un modo de hacer, sino un modo de ser”. Ello significa, que amas porque eliges y eliges porque pierdes la conciencia y se ingresa en la locura porque es un espacio atemporal, y efectivamente amas porque pierdes, es decir que la elección de amar implica el reconocer a aquella persona de la cual uno se enamora, como alguien por quien compartir lo que implica un proyecto, la realidad cotidiana, en si es un reconocimiento mutuo emocional, cortical y sexual por ende.
Es un hecho que el elemento universal al que nos referimos es el amor, éste es así, decisión, elección y actitud. Tal manifestación de afecto es un estado mental que crece o decrece dependiendo de cómo se retroalimente ese sentimiento en la relación de los que conforman el núcleo amoroso.
No obstante, pocos podemos diferenciar la tipología de amores que existen, tales como: amor entre familiares, amor hacia los amigos, amor romántico, amor sexual, amor ágape, amor hacia lo abstracto, amor hacia los animales, amor a los principios, amor hacia una deidad, amor personal, amor platónico y el amor universal. Conste, cada uno difiere característicamente. Caso ejemplar, es que el amor no es parecido al enamoramiento ya que el amor consiste en sentir afecto por una persona y demostrarlo con hechos, es un sentimiento que brota debido al conocimiento que va teniendo de la forma de ser y de sentir de la persona amada y el cual crece con el tiempo. Para un adolescente es fácil confundir el deseo sexual, con el enamoramiento y el amor.
Para afiliarse a las relaciones interpersonales es preciso meditar sobre lo que Buber establecía como Yo y Tú. “El Yo-Tú y el Yo-Ello son dos maneras de conocer, de vivir el mundo, es nuestra dualidad como seres humanos, nuestra polaridad primaria. El Yo-Ello se nos da en forma cotidiana, común; el Yo-Tú también se nos da: pero no lo podemos forzar, no lo podemos manejar o manipular, tenemos que prepararnos para que nos llegue.
Es el mundo del amor, del encuentro, de la experiencia mística, de la inocencia, de la creación, más cercano al mundo del niño, o el ser como niños”. Por así decirlo, para haber un Yo es necesario inevitablemente un Tú y en las relaciones de amor hay que despojarse de la “toga de la codependencia”, se ve necesario en este contexto quitarse ese temible disfraz (me refiero a la adicción al amor). Porque la persona codependiente piensa que no puede vivir sin su pareja, se funde con ella hasta el punto de llegar a perder su propia identidad y vive para ella en vez de vivir su propia vida. “A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro”. Chesterton
Me parece oportuno reiterar lo embriagante que resulta el amor para la humanidad, puesto que las emociones son un conjunto de estados adaptativos producidos por estímulos placenteros o aversivos que producen: experiencias subjetivas, cambios fisiológicos internos y respuestas motoras observables (conductas).
Aunque, para Erick Fromm “la idea de que el amor no es un efecto causal que simplemente sucede y nosotros lo experimentamos, sino que hace falta un aprendizaje.
La capacidad de amar sólo se conseguirá con humildad, fe, coraje y disciplina”. Sin embargo, me place lo que dijo Tolstói, “Donde hay amor allí está Dios”.