Managua
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28.01.07
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Noticias >> Nuestra Gente
“Para mí la felicidad consiste en vivir en este pueblo”, dice don Víctor Armando Núñez. ()
Las lejanías somoteñas de don Víctor Armando Núñez
“Fue en una mañanita helada y nebulosa de noviembre del 97, estaba en mi programa radial y se me ocurrió comparar el fenómeno mañanero con los amaneceres somoteños del ayer; alguien llamó, me dijo que eran hermosas mis añoranzas, yo ‘agarré la vara’ y desde entonces comencé a buscar y relatar historias de Somoto”
Mario Fulvio EspinosaFotografías de René Ortega
Todo tiempo pasado fue mejor

¿Cómo aprecia el cambio que ha tenido la vida de este pueblo?
Yo añoro la forma de vida que teníamos nosotros, pero como usted sabe, el progreso trae también muchos defectos, entonces tenemos que adaptarnos al progreso, pero la verdad es que la niñez de nosotros no la cambiaría por la niñez de ahora.
Los peligros que afrontan los jóvenes de hoy son muchos, nosotros éramos completamente inocentes, ignorábamos muchas cosas, no solamente de la vida misma sino que del sexo, cosas que ahora se enseñan desde las aulas.
Nosotros teníamos la capacidad de hacer operaciones matemáticas sin necesidad de tomar una sumadora. Ahora veo que si usted va a una farmacia a comprar la receta no se la venden si no toman la famosa sumadora para hacer las cuentas. En los colegios usan la sumadora portátil para la aritmética, son incapaces de valerse de su memoria, pero sobre todo, ahora ya no dan clases de moral, urbanidad y civismo, que nos enseñaban a ayudar a los ancianos y a los niños. Nos metían en el cerebro todo lo que era bueno y nos alertaban sobre lo malo.

Historia de las rosquillas

“La historia de las rosquillas somoteñas data de 1870, cuando doña Mercedes Bustillo las trajo del lado de Honduras. Por cierto el queso no era el ingrediente de ellas sino la pura cuajada, y el maíz era sancochado, lo molían y lavaban varias veces hasta sacarle el ojo, sólo quedaba el arrocito”.

Las palabras del profesor Víctor Armando Núñez rebosan de amor cuando habla de Somoto, de ese pueblo “cuya historia está por amanecer”, como ocurre con la de nuestro país, maltratado en sus raíces por “historiadores” que cuentan las cosas a través del lente de sus ideas políticas, y por otros que desean olvidar la historia e incluso, matar la inteligencia.

“Antes la niebla bajaba tan espesa sobre Somoto que hasta nuestra sombra se perdía a los pocos pasos y nosotros, los niños de entonces, nos divertíamos echando vaho por la boca para ver el vapor”, cuenta y afianza la voz cuando dice: “Este pueblo no tiene historia, pero he andado por todas partes buscando a personas de más edad que puedan aportar testimonios, rebuscando fotografías viejas que he recopilado, todo para tratar de encontrar nuestra identidad, nuestra idiosincrasia”.

Somotólogo de corazón

“Por eso en este pueblo unos me llaman Profesor, otros dicen que soy ‘somotólogo’, porque desde noviembre del 97 comencé a relatar cómo eran aquellos tiempos, cuando el cuerpo de cada uno de nosotros era hospedaje de toda clase de alimañas, jelepates, totolates, niguas, pulgas y piojos, esas y otras plagas que existían en ese ayer.

“La historia, las tradiciones que he recuperado las tengo en manuscritos en su mayor parte y también los poemas que hacía desde chavalo, que tal vez no tengan la métrica deseada porque no he tenido estudios superiores, pero sí he leído mucho y me he hecho autodidacto”.

¿Cómo eran las costumbres de este pueblo cuando usted fue niño?

Eran casi costumbres aborígenes. Los dichos, el uso y el abuso de la letra “che” que para todo decíamos: “Ay mi chimpinilla”, “me chimaste”, “chumbulum”, y un montón de máximas que nuestros antepasados usaban como dogmas, como aquella de “árbol que crece torcido nunca su rama endereza” y así un montón de ellas que tengo recopiladas.

Cuando el OA era anatema

¿Qué recuerda de los juegos infantiles?

Los juegos infantiles eran por épocas. En mayo, con la escuela, venía el juego de maules que ustedes les dicen canicas o chibolas. Después venía la época de los trompos, la época del tirulete. El tirulete, era una especie de trompo de cuatro caras donde habían grabadas unas letras, una M que decía Meta, una S que decía Saque, una T que decía Todo. Se bailaba y si al dejar de bailar caía en Todo, uno se llevaba todo lo que estaba puesto, si decía Meta uno tenía que meter dinero, si decía Saque, sacaba una parte de lo que había metido.

Las mujercitas jugaban al jack o machos con una pelotita de hule. Había otros juego que se llamaban “esconde la bola”, “esconde el anillo”, “Doña Ana” y el “OA” que fue popular en todo el país. Le cuento que ese juego lo protestó la Iglesia porque decían que aquí, en estos lugares, era demoníaco.

Los burritos de Somoto

Infaltables en el paisaje somoteño eran los burritos…

Yo acabo de escribir un artículo sobre la importancia que tuvo ese animalito en nuestro lugar, él era el que nos transportaba de un lugar a otro, el que nos traía el agua, el que nos halaba la leña y el que en veces nos proporcionaba alimento, porque yo tomé bastante leche de burra y por eso tengo unos huesos finísimos, porque la otra vez me caí en el mercado desde una cierta altura y no me pasó nada.

¿De dónde vinieron esos burros?

Los burros son de origen asiático, pero fueron los españoles los que los trajeron a nuestro país, algunos llegaron embarcados por el Golfo de Fonseca, otros vinieron de Honduras, desde Comayagua. Otros vinieron de México, todo eso porque se consideraba que el caballo era una bestia de guerra y el burro un animal de carga. Llegaron poco a poco y se multiplicaron con el avance de la civilización y usted sabe que son descendientes del onagro, el asno salvaje.

Burritos versus diputados

¿Por qué desaparecieron de otras regiones de Nicaragua y perduraron en Somoto?

Yo hago una crítica en donde sale usted involucrado. Usted sacó un artículo el primero de abril de 2001 ó 2002 creo, yo lo critiqué porque me pareció difamante, porque no mencionó a ninguna persona de Somoto y sólo habló de los burros. Incluso mencionó que estos solípedos celebrarían un seminario.

¿Y qué decía ese artículo? Yo no recuerdo.

Que usted estuvo en Somoto y que encontró muchos burros y que la única persona con quien pudo conversar sobre los burros era don Arturo Valladares, quien le había dicho que esos burros habían venido de Comayagua, y que un burrito llamado “Félix” le había dicho a usted que ellos iban a tener una asamblea porque se creían superiores a los diputados de la Asamblea Nacional de ese tiempo. Vi mal ese escrito porque si yo voy a Ocotal a hacer un artículo de Ocotal, voy a criticar lo que veo malo y a reconocer lo que veo bueno. En esa parte yo no estoy de acuerdo con su artículo.

La historia de “Torcuato”

Pero no hemos logrado aclarar por qué aquí siguió existiendo el burrito y en otros lugares se extinguió.

Porque el burrito es el vehículo indispensable del campesino que se traslada de un lugar a otro. El animalito penetra en lugares abruptos donde no entra un caballo y saca la cosecha de labriego, trae su leña, en el burro trae el agua y el burro es su medio de subsistencia, además, es un animal cuya alimentación es barata porque se alimenta de trapos, come periódicos y palos espinosos.

Además es un animalito muy inteligente. Nosotros tuvimos un burro artista, su nombre era “Torcuato”. Ese burro se lo regaló a don Salvador Chávez, alias Firuliche, el administrador de aduanas Francisco Llanes quien lo encontró botado y moto. Se lo llevó para El Espino y lo crió, pero después no lo aguantaba porque se le metía a la oficina y a la hora menos pensada rebuznaba, porque dicen que los burros señalan las horas, no sé si eso sea cierto.

En el Circo de Firuliche, el burrito “Torcuato” sabía sumar, le preguntaban cuánto eran dos más dos y daba cuatro golpes en el suelo con sus patas delanteros. Cuando Firuliche le decía: “Búscame una novia que quiero casarme”, el burrito buscaba dentro del público a la muchacha más bonita. “Ahora búscame al suegro” y “Torcuato” buscaba al caballero más elegante. Firuliche sintió mucho la muerte de “Torcuato”.

Burrito, corcel de pobres

Además el burro presiente el peligro, si lo siente se echa con la carga y de nada sirve el palo porque él no avanza. Cuando el burro dice “no camino”, no camina. “Al caballo usted lo hace caminar con la espuela o el látigo y es ciego ante el peligro, por eso se utiliza en la caballería de los ejércitos, el burro ni a palos”.

“Pero hay que decir que los burros están desapareciendo de Somoto, se los están llevando para La Guinea, en Chontales, casualmente el domingo pasado hubiera deseado tener una cámara para fotografiar un camión que iba llenito de burros. Aquí los vienen a comprar y se los llevan”.

Un burrito de esos que andan acarreando leña, todo desnutrido, no lo consigue por menos de mil quinientos córdobas, y un burro ya bien alimentado, con buena presentación, no baja de tres mil córdobas. Un burro garañón bien vale unos cinco mil a seis mil pesos, y si es ya muy bien enrazado podría costar mil dólares.

Aquí proliferaban en paz los burritos, hacían el sexo en las calles y hasta en la iglesia se metían.

Picardías de Julián “Marihuana”

Dígame algo sobre los personajes folclóricos somoteños de antaño.

Había una señora que le decían “Longina”, pedía limosna y se enojaba cuando los chavalos le gritaban: “Longina, Longina, que andando se orina”. Había otra cuyo cuerpo era bien pando, por eso le decían “La Pingüino”. Otro era José Julián Rodríguez al que le decíamos “Marihuana”, era muy inventor. Sobre él hay una anécdota, hace un tiempo el transporte de Somoto a Managua se hacía en un busito pequeño que cogía como veinte personas sentadas y treinta si iban de pie. Salía ese bus a las tres y media de la madrugada y llegaba a las ocho a Managua. Se tenía que reservar el pasaje, entonces este Julián “Marihuana”, consiguió que don Gabriel Mata, que tenía una letra muy bonita, le escribiera una nota para el chofer del busito que se llamaba Francisco Rodríguez. “Don Francisco —decía la misiva— tengo urgencia de viajar mañana a Managua, ruégole me reserve un asiento. Firma, Arsenio López”.

Al día siguiente a las tres de la madrugada ya estaba lleno el busito, sólo faltaba don Arsenio. Llegó el busito hasta la casa del señor López y va en pitarle para que saliera. Como no lo hiciera el chofer mandó al ayudante a tocar la puerta… Hasta que don Arsenio se levantó enojado.

“¿Qué jodido les pasa a ustedes?”

“Pues que nos está atrasando, ya tenemos a la gente lista y me estoy pasando de la hora en que me debo ir”, dijo el chofer.

“Me viene flojo eso. ¿De dónde sacás que yo quiero viajar?”

“Pero si vos mandaste este papel diciendo que ibas a viajar”.

“No me jodan, me están quitando el sueño, yo no he mandado nada”, les dice don Arsenio…

Y fue Julián “Marihuana” el que inventó lo del papel para jorobar al pobre señor.

Otra aventura de “Marihuana” ocurrió por el lado del cerro Picudo. Corrió la noticia que un lucero loco estaba bailando sobre la ciudad en una maniobra demoníaca que anunciaba el fin del mundo. ¿Y qué ocurría? Pues que “Marihuana” había hecho un enorme barrilete forrado en papel negro y como le puso una luz en la cola, cuando el cometa coleaba sólo se miraba la luz que bailaba al compás de los vientos.

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