El artículo Redefinición de la izquierda y la derecha, del profesor de Economía de la UNAM de México, Santos Mercados Reyes, publicado en LA PRENSA del 23 de enero pasado, resulta muy simplista al definir quiénes tienen posiciones de derecha o de izquierda, únicamente según sea su actitud ante la propiedad.
Según el autor “… para saber si una política, propuesta o anhelo es de derecha o de izquierda basta saber qué posición adopta frente al concepto de propiedad privada.
Incluso, si alguien quiere saber si es de derecha o de izquierda, basta con preguntarse: ¿respeto la propiedad del prójimo? o ¿trato de robar, traspasar o destruir la propiedad de otros?”
Al reducir su definición al tema de la propiedad, deja de lado aspectos importantes como la posición ante el mercado, la planificación de la economía, la actitud hacia las libertades, la relación entre colectividad e individuo, la forma de hacer los cambios, la actitud ante la moral pública o privada, la mayor o menor intervención del Estado en la economía, la lectura de las diferencias de clase, el mayor o menor dogmatismo, entre otros aspectos.
La izquierda tiende a aumentar la intervención del Estado en la economía, a la planificación centralizada, a reducir el libre mercado, a la prevalencia de la colectividad sobre el individuo, a restringir la propiedad privada, a limitar las libertades si amenazan el sistema, a la igualdad de clases y a los cambios radicales, entre otras cosas.
La derecha tiende a mantener el status quo (no hacer cambios), a mantener la tradición, a favorecer a la clase alta (élites), a mantener estratos sociales rígidos, a la intervención del Estado únicamente para favorecer los grandes capitales, al derecho absoluto a la propiedad privada, a la privatización (incluyendo los sectores económicamente estratégicos, la salud y la educación) entre otras cosas.
Sin embargo, tanto dentro de la izquierda como dentro de la derecha hay diferencias.
Así, por ejemplo, los liberales estarían a la izquierda pero su posición en cuanto al Estado y el mercado es diferente a la de los comunistas.
Contrario a aquellos, los liberales promueven el libre mercado y la menor intervención del Estado.
También sostienen la prevalencia del individuo sobre la colectividad. Pero no están a la derecha porque favorecen el desarrollo de la clase media, no son elitistas, están contra el status quo, favorecen los cambios y promueven la igualdad de oportunidades.
Por su parte, los socialcristianos estarían a la derecha, pero a diferencia de los conservadores promueven la movilidad social y políticas favorables a los más pobres.
Tanto los de extrema izquierda (comunistas) como los de extrema derecha (fascistas) tienden a la dictadura, a la supresión de las libertades y a imponer una moral colectiva sobre la moral privada.
Si ubicáramos un centro (necesariamente imaginario), del centro hacia la derecha nos encontraríamos con los socialcristianos, luego los conservadores y después los fascistas.
Del centro hacia la izquierda encontraríamos a los liberales, luego a los socialdemócratas y socialistas, y después a los comunistas.
Sin embargo, en Nicaragua hay una mezcla de quienes se autollaman liberales y los conservadores, que se conoce como “la derecha” en contraposición a “la izquierda” identificada sólo con el sandinismo. En mi opinión, muchos llamados liberales son realmente conservadores. El auténtico liberalismo es de izquierda (ya lo dije antes: como fueron Zelaya y Sandino).