Realizar esfuerzos, intentar o tomar decisiones para resolver la miseria y la pobreza siempre es una labor encomiable. En países que han alcanzado la etapa de alternar gobiernos de diferentes tendencias ideológicas mejoran las oportunidades, porque la influencia y aplicación de ideas y puntos de vista muy diferentes conducen al respeto, tolerancia y soluciones de largo plazo.
El mundo cambia. Hoy, en aspectos de política, de relaciones internacionales, de acuerdos, es posible tomar decisiones variables y extremas. etc. Por eso, proponer el Alba y otros múltiples acuerdos con países enfrentados es viable en esta búsqueda por derrotar la pobreza. Pero el manejar posiciones políticas extremas no es sostenible a mediano plazo. El país debe tener su identidad, sin alineamiento, sin cruzar la raya de la estabilidad política e institucional; de lo contrario somete a la población a sacrificios innecesarios.
Lo que no es manejable son los cambios bruscos en el área de lo económico. La mayor coincidencia en la diversidad de los países de mundo exitosos es aseverar que el empleo lo generan las empresas, con prioridad la pequeña; se traduce en esfuerzo continuo por mantener el ambiente o clima propicio para conservar a la población serena y motivada. Ser Estado empleador es asunto de tener cultura, capacidad, eficiencia, organización, disciplina y de resultados, no es de derecha o izquierda.
En países que no cuidan la economía, la población reacciona disminuyendo su actividad económica, creando desajustes, afectando la recaudación de impuestos, necesarios para la inversión y atenciones sociales. Los controles y la inflación se activan.
Depender de recursos externos para progresar, descuidando o disminuyendo los internos, a mediano plazo es un riesgo; el auténtico sostenimiento, perdurabilidad y futuro es prosperar en base al enriquecimiento real del país, por el desarrollo económico y social; con trabajos productivos y bien remunerados. Sin extremos.
Es obligación de los gobernantes manejar compromisos que eviten al país ser peón o marioneta de las decisiones, cálculos y suerte de otros países. Nicaragua debe ser creativa en la lucha por erradicar la pobreza, sin estar atado o vinculado al éxito o fracaso de un tercero.
Gobernar y hacer oposición no es lo mismo; pero se debe sostener la misma opinión tanto desde la oposición como desde el Gobierno. Pareciera que el Gobierno no desea jugar las mismas reglas que exigió en la oposición. Como la típica actitud de “hagan lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Es falta de capacidad de encontrar el balance Gobierno-oposición impide el progreso
Ante esta gran oportunidad que permite la libertad, la democracia y la alternabilidad, nuevamente en Nicaragua, otro gobierno representa la esperanza de miles de ciudadanos que esperan un futuro mejor. Que la historia y el tiempo pasado sean ejemplo para superar los errores; avanzar y progresar en el área social, económica y política. Nicaragua lo quiere y debe poder.