Han pasado cuarenta años y todavía se ignora cuántos fueron los nicaragüenses muertos por la Guardia Nacional, el 22 de enero de 1967. Quienes vieron pasar los camiones llenos de cadáveres calculan que fueron cerca de doscientos, sepultados en fosas comunes.
Desde que se lanzó Anastasio Somoza Debayle para candidato presidencial por el Partido Liberal Nacionalista, el país estaba bajo un estado de tensión, oscilando entre decires que comentaban serias contradicciones entre los hermanos Somoza Debayle y el Presidente, doctor René Schick Gutiérrez.
En abril de 1965, Anastasio Somoza Debayle, ere Jefe Director de la Guardia Nacional, como parte del poder dinástico heredado de su padre, Anastasio Somoza García. Con el uniforme de General de División, dijo que entraría en la próxima contienda electoral si la Convención del Partido Liberal “al cual pertenecía”, lo designaba candidato oficial. Eso disgustó mucho al presidente Schick Gutiérrez.
MUERE RENé SCHICK
El 1 de mayo de 1963 tomó posesión de la Presidencia de la República el doctor René Schick Gutiérrez, había sido impuesto candidato del Partido Liberal Nacionalista por Luis Anastasio Somoza Debayle, sacrificando a Julio C. Quintana. En su discurso en el Estadio Nacional prometió: “Mi gobierno se caracterizará por un hondo sentido de la justicia social y por un humanismo liberal orientado a favorecer a las grandes mayorías”.
Prometió desde el inicio de su mandato que garantizaría un Estado de Derecho y elecciones libres. Hubiera deseado un candidato civil, sin embargo, acercándose las elecciones presidenciales de 1967, Anastasio Somoza Debayle se impuso, aún en contra de la voluntad de su hermano Luis Anastasio. En la Convención del PLN en León hubo varios incidentes, Schick amenazó con renunciar, enojándose Luis Anastasio Somoza Debayle al extremo que llegó a decirle que “no siguiera jodiendo y renunciara de una vez. Que ya no lo aguantaban”.
Todos esos disgustos fueron deteriorando la salud del presidente Schick Gutiérrez, que falleció el 3 de agosto de 1966. Le sucedió Lorenzo Guerrero Gutiérrez. Sobre la muerte del Presidente hay muchas versiones, es verdad que tuvo un infarto pero que el tratamiento no fue el adecuado y hasta se mencionó que estando inconsciente le fue quitado el oxígeno. Lo cierto es que la muerte del presidente Schick le quitó una carga a los hermanos Somoza Debayle, sin tener que recurrir al derrocamiento, como hiciera su padre en mayo de 1947 en contra del presidente Leonardo Argüello Barreto.
REPRESION Y MUERTE
El Partido Conservador de Nicaragua llevaba como candidato a la Presidencia a Fernando Agüero Rocha y para la Vicepresidencia al doctor Luis Pasos Argüello. El partido había logrado su personería jurídica mediante la recolección de miles de firmas, se estableció que las inscripciones serían en el mes de noviembre. Luis Anastasio Somoza Debayle planteó que como el cierre de inscripción de los partidos terminaba en diciembre, oficialmente no se le podía permitir al Partido Conservador que tuviera representantes en los llamados Cantones Electorales.
Era evidente la intención del fraude. En los Cantones quedaron los representantes del Partido Conservador Nicaragüense (llamados “zancudos”) y el Partido Liberal Nacionalista. En las afueras, delegados de la Unión Nacional Opositora (UNO) anotaban a todos los que llegaban a inscribirse a los Cantones. La represión aumentó durante las inscripciones, varios ciudadanos fueron muertos por la Guardia Nacional. En Niquinohomo asesinaron a Carlos Muñoz Potosme y en Managua, Silvio Parodi Basset fue acribillado a balazos.
La UNO organizó grandes manifestaciones en todo el país, la canción dedicada al candidato presidencial Fernando Agüero Rocha, era una expresión contra la dictadura somocista, junto con las proclamas de “Basta ya”. El movimiento estudiantil, presidido por el Centro Universitario de la Universidad Centroamericana y el Centro Universitario de la Universidad Autónoma (CEUUCA y CUUN), habían contribuido a la unidad de los partidos y movimientos políticos, destacándose los líderes universitarios Casimiro Sotelo (asesinado por la GN en noviembre de 1967), Dionisio (Nicho) Marenco, Michele Najlis, Danilo Aguirre Solís, Brenda Ortega, Duilio Baltodano, Adán Fletes, Octavio Rivas y Sócrates Flores. El punto de convergencia era el Club Universitario que quedaba en el barrio La Bolsa, en el costado norte de la antigua Catedral de Managua.
La juventud organizó el movimiento conocido como CIVES. Hubo la protesta en el Estadio Nacional que culminó con una tragedia, ya que la Guardia Nacional cerró las salidas y en el tumulto murieron varias personas. Pese a todo, las manifestaciones antisomocistas se hacían en todo el país. Sin embargo había diferencias negativas, estaba el grupo de fieles más cercanos a Agüero, como Arnoldo Lacayo Maison, Gustavo Lacayo Pallais, Luis Venerio Plazaola, Zulema González, Lucidia Mantilla, Francisco Anzoátegui y Eduardo Paladino.
Otro sector pertenecía a la coordinación de la UNO, presidido por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Juan Manuel Gutiérrez, Orlando Robleto Gallo, Carlos Arroyo Buitrago, Rafael Córdoba Rivas y Víctor Manuel Ordóñez. Por primera vez se habían integrado sectores ligados al Movimiento de Renovación Nacional y el Partido Socialista, con dirigentes como Álvaro Ramírez González, Domingo Sánchez Salgado (Chagüitillo), Domingo Vargas y Carlos Salgado.
LA VÍSPERA DEL 22
A medida que se va acercando la fecha de las elecciones, comienza una serie de gestiones y reuniones que toman un carácter conspirativo, oscilando entre la realidad y la imaginación, se dan acciones de carácter popular con cabildeos de injerencismo norteamericano. Se comenta que el Departamento de Estado presionará para que haya elecciones libres, se buscan reuniones aunque sean meramente sociales con el embajador Aaron S. Brow, quien no disimula su antipatía por los hermanos Somoza Debayle, a quien éstos llamaban en forma burlesca “Cabra Loca”.
Otros hablan de contactos con altos oficiales de la Guardia Nacional y de buzones de armas. La realidad es que todas las gestiones hechas por Agüero Rocha fracasaron. Años después él contaría del viaje en que visitó al presidente Francisco Orlich, de Costa Rica; a Rómulo Betancourt, de Venezuela y lo atendió su ministro del Interior, Carlos Andrés Pérez; el presidente Guillermo León Valencia, de Colombia, y el único que le ofreció apoyo, Juan Bosh, de República Dominicana, poco después fue derrocado.
Ya para enero la conclusión es que el presidente Lorenzo Guerrero Gutiérrez no dará garantías de elecciones libres. La penúltima manifestación sería el domingo 22 de enero. Surge la propuesta de presionar un acuerdo ese día con el gobierno mediante pláticas con el general Gustavo Montiel, jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional y jefe de la Oficina de Seguridad Nacional, el medio de represión, tortura y muerte del régimen somocista.
A la par se recomienda ir armados a la manifestación, por la radio se les pide a los campesinos que traigan sus “morralitos”. Agüero Rocha decide planes que no son del conocimiento de la coordinación de la UNO. La noche del 21 de enero, en su casa, donde también tenía la Clínica Oftalmológica, se da una extraña reunión. En la sala de la entrada estaban cerca de cien campesinos con sus “morralitos”, pequeñas pistolas, traídos por medio de líderes locales del agüerismo, durmiendo en el suelo.
En otra sala estaban algunos identificados con el Movimiento 11 de Noviembre, entre ellos Herty Lewites Rodríguez y también Tito Gutiérrez Alfaro. Agüero Rocha estudiaba con el grupo un gran plano de Managua, señalando donde se planeaba bloquear para que la gente no se fuera y permaneciera a lo largo de la Avenida Roosevelt. Se proponían exigir que Lorenzo Guerrero Gutiérrez continuara dos años más en la Presidencia y preparar mejores condiciones para las elecciones presidenciales.
Alguien preguntó a Agüero Rocha, qué se haría en caso la Guardia Nacional disparara; él contestó que se defenderían “con las cuatro chatarras viejas que llevamos”. A la casa de Agüero Rocha fueron llevadas algunas armas de cacería, y de Masaya transportaron cócteles molotov llevados por Arnoldo Lacayo Maison, ayudando los “Mamá Moncha” López, padre e hijo, el ex pelotero del San Fernando. El desorden imperó, dándose el caso que se dieron rifles 22 con municiones de calibre 38. Se trataba de dar ánimo, comentando con frecuencia que se tenía el apoyo de la Embajada norteamericana.
SOBRE LA ROOSEVELT
La noche del 21 ocurre un hecho ignorado en la casa de Agüero Rocha. Edén Pastora Gómez es capturado a la entrada de la Carretera Norte, en el sitio conocido como Los Manguitos. Traía buena cantidad de armas, todas de cacería. Mientras es torturado, la gente llega de todo el país, al mediodía la Plaza de la República y sus alrededores están cubiertos de entusiastas manifestantes.
La tarima estaba frente al Club Social Managua llamó la atención que se anuncia un solo discurso, el de Agüero Rocha, el que informó el plan de demandar un diálogo con el general Montiel para acordar la prolongación del período presidencial de Lorenzo Guerrero por dos años más, organizar las elecciones presidenciales con plena garantía y evitar el fraude.
La manifestación avanza sobre la Avenida Roosevelt, mientras en forma sigilosa, francotiradores se apostan en los edificios más altos, como la Casa Pellas. La marcha llega a la esquina del Banco Nacional, donde está ahora la Asamblea Nacional, en la acera opuesta, en el Banco Central está un grupo de soldados de la Guardia Nacional. La multitud coreaba “Elecciones libres”, “No más Somozas”, “Basta ya”.
A las cinco de la tarde se apareció el coronel Ernesto Rugama Núñez, comandante de la Policía de Managua, y por medio de un megáfono dijo que el permiso para la manifestación se había vencido y que disolvieran la manifestación. Nadie se marchó, más bien los árboles de laurel de la india sembrados en la acera del Banco Nacional, se cubrieron de manifestantes.
En la propia esquina se escucharon discursos y arengas, uno de los últimos en hablar fue el dirigente del CEUUCA y CIVES, Dionisio “Nicho” Marenco Gutiérrez. Casi a las cinco y media de la tarde se presentó el Batallón Somoza, entonces el cuerpo mejor entrenado de la Guardia Nacional, que tomó posiciones a los largo de la avenida, sobre todo frente al diario Novedades, propiedad de la familia Somoza y el Banco Central.
Oscurecía cuando apareció de sur a norte una pipa de agua, con las intenciones de disolver la manifestación a base de fuertes chorros de agua, como había ocurrido en otras ocasiones. En el pescante del vehículo venía el teniente Sixto Pineda. Casi al oscurecer se escuchó un disparo y el oficial cayó mortalmente herido, seguidamente se iniciaron los disparos. De los árboles de laurel de la india caían los cuerpos ya sin vida.
¿Qué pasó? Sobre la muerte del teniente Pineda hubo la versión que el disparo le penetró por la espalda, que no fue hecho del lado de los manifestantes. El enfrentamiento se generalizó y entraron en acción los francotiradores. Durante años, a la entrada del Banco Central estuvo una placa dedicada a la memoria del teniente Pineda. Hace poco alguien me la ofreció en venta, la tuve en mis manos pero no fue posible comprarla.
EL GRAN HOTEL
Centenares de manifestantes, incluyendo los principales dirigentes, se refugiaron en El Gran Hotel, en la creencia que el sitio sería respetado, pues había huéspedes extranjeros, muchos invitados al centenario del nacimiento de Rubén Darío, el 18 de enero. Aún así, tanto la noche del 22 y el 23 en pleno día, el edificio recibió impactos de grueso calibre desde un tanque, ataque dirigido por José Iván Alegrett, muerto en 1978 por la misma Guardia Nacional cuando conspiraba contra Somoza Debayle. La resistencia en El Gran Hotel fue dirigida por David Tejada Peralta, asesinado atrozmente un año después por el mayor Oscar Morales Sotomayor. Entre los heridos estuvo René Saldaña, hermano de Sergio, muerto en León por la GN, el 23 de julio de 1959.
En la ciudad de León, los hermanos Somoza Debayle estaban en una manifestación. Regresaron por la vía aérea a Managua, asumiendo el control de la situación, mientras el presidente Guerrero Gutiérrez desempeñaba su función de cero a la izquierda. Años después se conoció un interesante relato, escrito por el licenciado Hernán Arosteguí, quien fuera secretario de Información y Prensa del doctor Schick. El 10 de febrero de 1967 renunció y se marchó a Estados Unidos. Pude comunicarme con él y verificar datos para este reportaje, igual hice con el doctor Danilo Aguirre Solís.
Por mediación de la Misión Militar norteamericana cesó el fuego, en especial para garantizar las vidas de ciudadanos de esa nacionalidad. La Guardia Nacional desde el atardecer del 22 había dado muerte a muchas personas, el que era encontrado en las calles y avenidas cercanas a la Roosevelt era muerto, desde una avioneta mataron a varias personas en el atrio de la (antigua) Catedral de Managua. Hubo después un acto litúrgico especial.
Los días siguientes al 22 de enero fueron de muerte, cárcel, tortura, asilados en embajadas, desaparecidos, se decretó el Estado de Sitio a pesar de estar en período electoral. El régimen se ensañó tanto que en las cárceles de la Aviación los prisioneros fueron introducidos en una piscina y desde arriba los militares se orinaban encima de los cuerpos y les tiraban piedras.
El 5 de febrero de 1967 se realizaron las elecciones presidenciales. El resultado no necesita comentario: el Partido Liberal Nacionalista 480,162 votos, el Partido Conservador de Nicaragua 157,432, el Partido Conservador Nicaragüense (zancudo) 14,650.
El gobierno concedió salvoconducto a los siguientes asilados: Juan Bautista Parodi Bassett, Julio Obando Castro, Julio César López Martínez, Manuel Ruiz, Alberto López López, César y Salvador Pérez Arévalo, Horacio Rosales Cortez, Enrique Concepción Cuadra, Silvio Reyes Guerrero, Manuel J. Morales Peralta, Arnoldo Lacayo Maison, Tito Gutiérrez Alfaro, Róger Cervantes Jiménez, Engels Cerna Juárez, Mauricio Danilo Argüello Orozco, Herty Lewites Rodríguez.
Se dictaron autos de segura y formal prisión por el delito de atentar contra la Constitución Política del Estado. A inicios de marzo fueron amnistiados los detenidos Aquiles Centeno Pérez, Danilo y Sergio Aguirre Solís, Pedro Joaquín Chamorro, Alejandro Gómez Guadamuz, Roberto Arana Arceyut, Samuel Santos López (actual Canciller de la República), Carlos José Guadamuz, René Pérez Sandoval y el poeta ya fallecido, Ciro Molina.
En 1964 una Corte Militar investigó el caso de los asesinatos cometidos en Posoltega, se procesó al coronel Juan Ángel López, a los miembros de la llamada “Patrulla fatídica”. La orden que daba el militar para matar a alguien era: “denle agua”. A la vez que se decretó la amnistía para los presos del 22 de enero, el gobierno dio a conocer que el coronel López quedaba libre al ser declarado inocente de los crímenes imputados.
Un comunicado oficial aclaró: “El coronel López no ha sido perdonado ni indultado, sino ha sido reivindicado por la justicia de Nicaragua, esta vez representada por la Autoridad Revisora en la persona del Jefe Supremo del Ejército Nacional”, es decir Lorenzo Guerrero Gutiérrez. A los del 22 de enero se les había dictado acto de segura y formal prisión. Poco después, el coronel López fue nombrado Inspector de Caza y Pesca de Jinotega.
Respecto a los muertos del 22 de enero de 1967, la mayoría fueron humildes campesinos venidos de remotas comarcas. Quedaron en grandes fosas, sin registro de defunción ni identificación personal. Al amanecer del 23 varias pipas lavaban la Avenida Roosevelt, por las cunetas hacia los tragante corría la sangre y un pedazo de cartulina en la acera decía “Basta ya”. La mayoría murieron frente a donde está la Asamblea Nacional. Que conste, señores diputados.