El pasaje del Evangelio en San Lucas, capítulo 4, es desde el verso 16 al 21, todo un resumen del programa de la vida de Jesús. El anuncio de la Buena Nueva fue sin lugar a dudas el objetivo de la existencia del Señor. Buena Nueva que es el Reino de Dios. Lo que anuncia Jesús es a la vez su propia persona. Jesucristo es el Reino de Dios. Busquemos y aceptemos ese Reino de Dios que es Jesús y todo lo demás es secundario.
El Reino de Dios es la soberanía total del Señor en cada una de nuestras vidas, permitir que Él penetre e impregne de su Espíritu Santo, nuestra mente, nuestro corazón, nuestras fuerzas, y así ser discípulos de amor.
Interesante que estos versos de la Sagrada Escritura con los que Jesús inicia su vida pública, al entrar en la Sinagoga del pueblo donde se había criado, se narren inmediatamente después del bautismo y de las tentaciones que Jesús vive en el desierto, en donde con el poder de su palabra vence al demonio.
Jesús se levanta en medio de la mirada atónita de los presentes y leyendo un pasaje del profeta Isaías hace que se cumplan las Escrituras en ese contexto, pues es el Año de Gracia de Dios.
Para anunciar la Buena Nueva, el Reino de Dios (todo lo que es Jesús), se hace necesario estar lleno del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien invade la vida del hombre de manera tal, que todo queda lleno de la presencia del Altísimo.
Jesús es el ungido de Dios, es el Mesías, el liberador de todas las cautividades y opresiones.
El pobre que deja que la Palabra de Dios llegue a su corazón es todo hombre, es toda mujer, que escuchando esa Palabra la pone en practica. Pobre es aquel en sentido social, pero son todos aquellos que tienen necesidad del hermano, del prójimo, para ser felices, trabajando hasta el sacrificio por la felicidad de los demás.
Dar vista a los ciegos, no se refiere de manera única a aquellos que recuperan la visión.
Es Jesús la luz que disipa toda tiniebla, y nos hace ver todo lo que nos oprime, que nos cautiva, o que nos hace ser opresores.
La luz de Cristo es actuar con el arrojo necesario para vencer la tiranía del pecado en todas sus formas, en nuestro mundo actual, más sutiles y por lo tanto más peligrosas que nunca: la tentación del pan fácil, del figurar, y sobre todo la tentación del poder, que se puede utilizar no para ayudar a los demás, como debe ser su finalidad, sino para servirse de los demás, explotarlos, pasar por encima de sus derechos, matarlos de hambre, con el robo, con la corrupción, con las componendas, o como decía el padre Azarías H. Pallais, (una frase muy hermosa que leí en el libro El Pobre de Jesús de José Argüello Lacayo), aunque en este momento no la recuerdo textualmente la frase más o menos dice así: “cuando Doña Justicia Mira Caras se junta con Don Mammon Cajas Repletas”, se condena al infinitísimamente ladronzuelo por una gallina, y se le rinde honores a los verdaderos saqueadores de los pueblos.
No tengamos miedo, no temblemos, pues el Señor Jesús, si actuamos con sinceridad de corazón, guiados por Él y no por la ambición, está con nosotros, todos los días de nuestra vida.