Managua
08:35 pm
21.01.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
La izquierda, el futuro de los ilusionistas
José Israel Núñez Henríquez
El autor es Ingeniero Agrónomo

¿Debería ser meta dentro de la sociedad hallar el justo equilibrio entre la disciplina del mercado y la magnanimidad del Estado de generar bienestar? O en todo caso ¿debe exigirse a los pobres a trabajar si quieren obtener asistencia del Estado? O ¿es quizás un truculento artífice capitalista el elevar la tasa de desempleo para que no se acelere excesivamente la inflación de precios? Parece desde esta arista cosmopolita que tratamos fenómenos propios de una sociedad postmodernista, que es aquella donde claramente se muestra que es una extensión del capitalismo en su estado avanzado, con todo lo que ello significa. Y, desde el punto de vista sociocultural, es el reflejo de sociedades intercomunicadas que están percibiendo una evolución conjunta, al menos en lo que se refiere al ámbito intelectual.

Aquí tenemos las primeras impresiones de las cuales los ilusionistas de la izquierda fundamentalista se apropian para su dialéctica emancipadora, en la irrestricta libertad de opinión que el “maligno capital” les provee, se pronuncian sin censura, capitalizan el padecimiento de tales fenómenos para vender su espectáculo de redención populista, los todopoderosos solucionadores de los contrastes económicos que hay en los estratos sociales ofrecen “emancipación colectiva”, oxigenados por la ansiedad que causa la pobreza en la sociedad hacen creer a las masas que sólo ellas pueden autorredimirse a través de la implantación de un modelo social e ideológico único. El verdadero problema nace del hecho de que los hombres no son iguales en cuanto a aspiraciones, planteamientos de vida, tradiciones, etc. Este es uno de los obstáculos más insalvables que promete ser seriamente cruel en la medida en que las culturas autóctonas se resistan al avasallamiento alóctono.

Se pretende someter a la sociedad por medio de camisas de fuerzas económicas para que todos equitativamente comamos las mismas raciones del pastel, he allí la demagogia de los ilusionistas socialistas ortodoxos ya que la historia me sustenta, sus cúpulas partidarias “viven al mejor estilo capitalista” pretendiendo colonizarnos a razón de proletarizar a la clase media por mencionar un ítem, fundamento mi teoría en lo que Carlos Kautsky decía: “La experiencia demuestra que allí donde los socialistas han fundado colonias comunistas basadas sobre la producción de los artesanos y de los labradores, la necesidad irresistible de llegar a la propiedad privada de los medios de producción prevalecía, tarde o temprano, sobre el entusiasmo socialista que había creado la colonia, cuando influencias externas no contribuían a estrechar los lazos de la asociación comunista, por ejemplo, la vida de los colonos en medio de un pueblo hostil, de lengua y religión diferentes”.

No hay gobiernos o leyes capaces de acabar con la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, el hambre o la guerra, pues estos problemas se hallan desde que el capitalismo y el socialismo coexisten y nunca han encontrado solución, son males inherentes de estos sistemas. Daré un caso ejemplar de tal aspecto, China cuya forma de Gobierno es “comunista” no ha llegado a dispararse a esos niveles maltusianos de competitividad y riqueza sino por medio de profundas reformas económicas que han incluido programas para privatizar negocios dirigidos por el gobierno, es decir practicando un capitalismo subrepticiamente abierto, sin embargo la pobreza en el campesinado chino no ha podido ser reducida aceptablemente, adicionando a ello el desafío que representa la pesada carga de creación de empleos. Hagamos memoria, en septiembre de 1997 se celebró el XV Congreso del Partido Comunista Chino, en el que se apoyó el mantenimiento de la línea política, conocida como “marxismo neoliberal”, que consiste en “dar prioridad a los méritos y la competencia como factores clave del desarrollo económico”, en otras palabras la dirigencia china prosiguió la línea ideológica de Deng Xiaoping que puede resumirse en el estricto principio de “apertura económica sin cambio político”. Es decir, una forma muy peculiar china de practicar capitalismo.

Mientras la ablación entre praxis y teoría sea evidente en el modus operandi neosocialista su oratoria estará cargada de puro ilusionismo oportunista, nutrido por el sediento furor de masas que esperan la cristalización de su sueño en un futuro mejor que, así lo esperan, pero que nunca llega por estar enclaustrado en un limbo utópico de demagogia política, de discursos de doble moral que sólo apelan a resentimientos sociales y de curas cosméticas, en donde prima un endeble desarrollo insuficiente de las fuerzas de producción, que de paso sólo proveen la repartición de la miseria sin la auténtica satisfacción de las necesidades de la población.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda