De buenas a primeras da la impresión de ser un hombre pétreo. A eso contribuye la hermosa cabeza de indio chorotega coronada por una melena de cabellos gruesos, donde los hilos de plata ocultan los de negro acero, y su rostro de facciones angulosas, la frente más ancha que alta, los pómulos salientes y la nariz aguileña que se curva sobre la boca de labios firmes y gruesos.
Sin duda es el personaje más querido de la Ciudad de los Campos Azules, distinción que acepta como muy natural, sin afectación, puesto que su objetivo vital es el mismo de Erasmo de Rotterdam, que a sí mismo se llamaba “el deseoso de ser amado”. “Cosecho amistades porque siembro cariño”, explica.
Aparenta ser hombre de pocas palabras, pero sumergido en el diálogo resulta grato tenerlo de interlocutor, posee la virtud —tan rara en los nicaragüenses—, de saber escuchar, y cuando se trata de aportar, los hace con brevedad, sabiduría y claridad, esbozando una sonrisa que carece de estridencias cuando llega a ser risa.
Partera de abolengo
Nació un domingo 18 de febrero de 1945 en el barrio negro de Punta Fría. “La partera de mi madre fue mi propia abuela, doña Modesta Vega Carballo, que a principios del siglo pasado era una de las mejores comadronas de Diriá con resabios de magia”, como era lo normal en los llamados Pueblos Blancos o Brujos.
“Teniendo familia en Bluefields, un día mi abuela hizo un viaje a esta ciudad para visitar a su gente. Nunca regresó a Diriá y aquí cobró fama de ser garantía de partos felices. Se convirtió en un personaje fabuloso y muy querido en toda la Costa Atlántica, después del parto ella cuidaba durante nueve días a las parturientas y al bebé, por ese servicio —que incluía el lavado de pañales—, cobraba cincuenta córdobas”.
“Mi padre, Arturo José Valdés Marroquín, era de origen hondureño y aventurando, como mi abuela, llegó a Bluefields. Se hizo policía y en esa tarea fue vigilante de muelles, era el que daba el zarpe a las embarcaciones y el que patrullaba la costa en bote de remos. Un día quiso dejar ese trabajo y seguir aventurando, pero lo ancló por un tiempo el amor por doña Matilde Robleto Vega, famosa, entre otras cosas, por La Purísima que celebraba en diciembre de manera rumbosa. Ella era la que hacía el altar, la chicha, la cajeta y la que tiraba los cohetes”.
“Al fin mi padre abandonó el hogar, se fue para Chinandega donde se encontró otra compañera. Allá murió y allá quedó enterrado. Yo todavía no sé si tengo familiares en Honduras, lo que sí sentí en carne propia fue la pobreza, no teníamos casa y rodábamos alquilando, primero en el barrio Punta Fría, después al Berrinche, luego en el Ricardo Morales Avilés, después vivimos detrás del Colegio San José, luego en Beholden donde falleció mi mamá, más conocida como doña Mat, que hablaba inglés, fumaba a más no poder, se echaba sus traguitos y era alegre como unas pascuas. De esa pareja tan peculiar nací yo”.
De jardinero a director
¿Qué recuerdos tiene de los barrios pobres de su niñez?
Con toda la chavalada jugábamos en las calles al ladrón liberado, o “el arriba” como se jugaba en el Pacífico. Después, cuando nos trasladamos a vivir detrás del Colegio San José, nos metíamos a escondidas al patio de ese centro a jugar béisbol y basquetbol. Estudié mi primaria en dicho colegio que era dirigido por los hermanos cristianos, parte de la secundaria la hice en el Instituto Nacional Cristóbal Colón y por problemas de pobreza tuve que dejar de estudiar de día. Poco después se organizó un curso de profesionalización para maestros empíricos, entré a ellos y salí con el título de maestro de educación primaria. Terminé mis estudios en la Escuela Normal Central de Varones de Managua que funcionaba en el mismo local del Ramírez Goyena, estudié de noche y saqué mi título de Maestro de Educación Primaria.
Regresé a Bluefields y logré trabajar en el Colegio San José, ahí pasé 17 años de mi vida, primero de “yardero”, después de barredor, trabajé en la cocina, luego en la librería, finalmente como maestro y terminé como director. Eso fue en 1975 cuando se fue el último hermano cristiano que se llamaba Denis Roulan, estuve en la dirección del centro hasta 1979, porque en 1980, en plena campaña de alfabetización, me llamaron para dirigir Radio Zinica, un primero de julio de 1980.
Radio Solidaridad
¿Cuéntenos algo de Radio Zinica?
Comenzó a funcionar el 8 de noviembre de 1979 con un perfil ciento por ciento político, eso era contrario al gusto de la población y por eso me ordenaron asumir la dirección. “Tú tienes que hacer que esta radio se escuche”, me dijeron.
Hice lo mejor que pude y con el tiempo la radio pasó a formar parte del Sistema Sandinista de Radio y Televisión, bajo la dirección de Chuno Blandón. Más adelante se formó la Corporación de Radiodifusión del Pueblo (Coradep) de la cual era miembro La Zinica. De un tiempo para acá se habla de la radio participativa y en esos objetivos no nos quedamos atrás, comenzamos dándole el micrófono a la gente y tratando de ayudar a resolver los problemas y las necesidades del pueblo.
La radio no debe ser solamente para entretener e informar a la población, sino para apoyar la solución de los problemas sociales. Si sólo estamos dándole música y música igual a una roconola, lo que hacemos es mantener aletargado al oyente, lejos de los problemas sociales que tanto nos urge resolver. Aquí el problema de la radio participativa es más complejo porque para despertar la conciencia de las diferentes etnias tratamos de hablarle en español, inglés y miskito. Somos una radio que vive pendiente de las necesidades del pueblo, y a eso se debe su gran popularidad.
“Aquí tengo todo”
¿Su popularidad también ha contribuido a conquistar la de la radio?
Es posible. Pero a eso se suma nuestro trabajo con las pequeñas ligas de beisbol de las que fui presidente por mucho tiempo. Con los niños viajamos dentro y fuera del país, fuimos a Aruba, Puerto Rico y Panamá. Eso me ha identificado mucho más con el pueblo, con los padres de familia y con los mismos alumnos que han ido creciendo y se desenvuelven ahora en diversas funciones. Por eso tengo tanta popularidad. He tenido oportunidad de salir fuera del país y vivir en otros lugares, pero las he rechazado porque me da la impresión que si voy a otro lugar no voy a ser el mismo profesor Valdés, que voy a ser otro en distinto lugar, por eso aquí me quedo, y mi corazón se agranda cuando en las calles todo el mundo me saluda. En este pueblo nací, crecí y aquí tengo todo.