Hey, paren la motosierra, detengan el festín de desmembración de cuerpos, que callen los gritos, por favor que a esa Toshio, la niña inbañable de La Maldición, le den varias nalgadas y la manden a dormir, que no sigan cantando los huevos y que las chicas ya no se mueran por John porque hay un mensaje más importante: Estamos acabando con la Tierra.
A veces los dueños de los cines demuestran en verdad lo que son. Claro, a películas de terror y llenas de mares de sangre, las ponen en varias salas pero a La verdad incómoda la relegan a poca cosa sin dar la importancia de lo que nos presenta y seguro la quitarán en pocos días.
Por eso hay que aprovechar para recibir una verdadera cátedra de lo que nos depara el futuro si seguimos nuestra labor de aniquilación de la naturaleza. Este es un documental sobre las conferencias que desde hace años lleva por todo el mundo Alberto Gore, quien fue candidato presidencial de Estados Unidos y aunque la mayoría de las críticas van dirigidas a su propio país, igual nos afecta.
No crean que los países industrializados son los únicos culpables del recalentamiento global. También cada uno de nosotros ha contribuido a que por ejemplo, el clima se vuelva loco con calores igual a que estuviéramos en la antesala del infierno, con ciclones capaces de desaparecer una ciudad o sequías que nos dejan hasta la boca sedienta.
Aquí mismo en este pueblón de Managua pueden ver los daños que hemos hecho con un lago podrido lleno de excrementos y cerca, el mayor vertedero de basura porque la Alcaldía no se encarga ni siquiera de regular los desechos de plástico, de vidrio u orgánicos, una tarea urgente para dar un paso adelante a favor de nuestra propia salud.
Y de los vehículos ni se diga. Ahora que Venezuela prometió darle diario un balde de petróleo a cada nicaragüense, ¿se imaginan en unos años la cantidad de vehículos que habrá en la capital, la saturación en las avenidas y la horrible cantidad de gases que expulsarán esos miles de vehículos?
Y con tanto petróleo, le diremos adiós a los proyectos hidroeléctricos, geotérmicos o eólicos para seguir con el abuso a la naturaleza talando árboles y dejando secos los ríos.