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En el ojo del huracán

Daniel Ortega no ha cumplido todavía una semana de haber asumido por segunda vez la Presidencia de la República, pero ya está poniendo a Nicaragua —otra vez como en los años ochenta del siglo veinte recién pasado— en el ojo del huracán del enfrentamiento contra Estados Unidos de Norteamérica, o sea el imperialismo yanqui como lo llaman en la jerga izquierdista.

Aparentemente Nicaragua podría recibir muchos beneficios económicos y materiales, asociándose a la Venezuela de Hugo Chávez y el Irán de Mahmud Ahmadinejad, quienes lideran ahora la lucha mundial antiestadounidense, financiados con la inmensa riqueza petrolífera de sus dos países. Pero aún si fuese cierto que Nicaragua tendría asegurado el petróleo venezolano —pagado a largo plazo y en favorables condiciones de crédito— por los próximos 200 años, como aseguró Chávez en Managua durante los festejos por la toma de posesión del presidente Ortega; y aunque fuese verdad, también, la promesa de Ahmadinejad de regalar o facilitar al crédito múltiples proyectos de ayuda al desarrollo, así como perdonar la deuda de 152 millones de dólares que tiene Nicaragua con Irán, aunque así fuera, repetimos, el precio que tendría que pagar el pueblo nicaragüense podría ser muy alto.

Al pasar por Venezuela antes de venir a Nicaragua, Ahmadinejad dijo a coro con Hugo Chávez —según informó la agencia de prensa internacional Asociated Press— “que están dispuestos a gastar miles de millones de dólares para financiar proyectos en otros países, a fin de contrarrestar lo que llamaron la dominación estadounidense”. Chávez y Ahmadinejad especificaron que están dispuestos a gastar dos mil millones de dólares tanto en Nicaragua como en Ecuador, donde ayer asumió la Presidencia el señor Rafael Correa, otro líder de extrema izquierda allegado a Chávez. Esos 2 mil millones de dólares, dijo el mandatario venezolano, permitirán “apuntalar inversiones en las naciones cuyos gobiernos se esfuerzan por liberarse del yugo imperialista de Estados Unidos. El fondo de inversiones será un mecanismo de liberación, reiteró Chávez al concluir con su frase habitual de “muerte al imperialismo”.

Nicaragua ya fue arrastrada en el pasado que todavía es muy reciente , a la política de enfrentamiento contra Estados Unidos y el resultado fue desastroso para el país, sobre todo para la población más pobre incluyendo a miles de seguidores sandinistas de Daniel Ortega, que perdieron la vida durante la guerra o quedaron mutilados y en el desamparo.

Sin duda que Daniel Ortega y el FSLN tienen el derecho y la libertad de escoger las amistades que quieran. Ellos pueden ser amigos no sólo de Chávez y Ahmadinejad que lideran la lucha mundial contra Estados Unidos, sino también de los terroristas o “insurgentes” que en Irak, Afganistán y otros países luchan a su manera por la misma causa. Pero no tienen derecho a comprometer a Nicaragua en ninguna aventura internacional, no deben arrastrar a la nación a otro enfrentamiento contra Estados Unidos y sus aliados, en el que sólo llevamos las de perder con impredecibles consecuencias. Como muy bien lo dijo el ex candidato presidencial por ALN-PC, Eduardo Montealegre, ayer en el programa Primera Plana del Canal 2 y LA PRENSA, Ortega ganó el derecho de gobernar pero no el de cambiar el régimen del país. Y mucho menos, agregamos nosotros, el derecho de unir a Nicaragua a aventureras alianzas de lucha contra EE.UU. ni contra nadie.

Se puede gobernar muy bien desde la izquierda e impulsar los planes de reforma social que se quiera, sin necesidad de buscar broncas internacionales ni de comprometer al país en insensatas alianzas agresivas como las que promueven Hugo Chávez y Mahmud Ahmadinejad. Las experiencias actuales de Brasil, Chile y Uruguay en Iberoamérica, y de China y Vietnam en Asia, que tienen gobiernos de izquierda y al mismo tiempo excelentes relaciones de amistad y cooperación con Estados Unidos, así lo demuestran de manera incontrovertible.

Es posible que tengan razón los enemigos de Estados Unidos que aseguran que éste se encuentra ahora debilitado, que está a la defensiva y es el momento propicio para atacarlo. Pero la participación de Nicaragua en los enfrentamientos contra Estados Unidos, siguiendo a aventureros como Chávez y Ahmadinejad, es una insensatez que todos podríamos pagar demasiado caro.

Daniel Ortega debería reflexionar sensatamente sobre esto y rectificar el rumbo, antes de que sea demasiado tarde.

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