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Ataque de Chávez honra a LA PRENSA

El Presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez Frías, durante su permanencia en Nicaragua como invitado principal a la toma de posesión del presidente Daniel Ortega Saavedra, atacó al Diario LA PRENSA, de la misma manera que lo hizo cuando vino por primera vez, en noviembre del año 2000, para visitar a su otro gran amigo nicaragüense, Arnoldo Alemán.

Al parecer al gobernante de Venezuela le molestó la cobertura periodística que dio LA PRENSA a las actividades de transmisión de mando gubernamental, sobre todo la publicación de una amplia foto en nuestra edición del jueves de esta semana, en la que se ve al presidente Ortega blandiendo una espada “de Bolívar” que le regaló el Presidente venezolano.

Pero la cobertura que LA PRENSA dio a los actos de toma de posesión presidencial del líder sandinista Daniel Ortega fue estrictamente profesional, sin poner palabras que no dijeron los protagonistas principales de esos actos ni reflejar nada que los televidentes no vieran en las imágenes de televisión. Seguramente el presidente Hugo Chávez quería que nos deshiciéramos en alabanzas a su persona, a sus palabras y a sus actividades, pues como lo calificó el ex Canciller de Nicaragua, doctor Emilio Álvarez Montalván, en la edición de LA PRENSA de ayer viernes 12 de enero, el gobernante venezolano posee “una personalidad narcisista”.

En realidad, ese narcisismo —o más bien megalomanía— es propio de todos los caudillos populistas y autoritarios. Al respecto, el eminente intelectual mexicano Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres, en un artículo publicado recientemente en periódicos iberoamericanos definió las diez características principales que distinguen a los gobernantes populistas —como Hugo Chávez—, señalando entre ellas la de que “usa y abusa de la palabra: se apodera de ella; se siente el intérprete supremo de la verdad general; fabrica la verdad y, en consecuencia, aborrece la libertad de expresión porque no quiere ser criticado; alienta el odio de clases…”

Ahora bien, a nosotros no nos preocupa que personalidades como estas nos ataquen porque criticamos su autoritarismo y no les rendimos pleitesía. Además, como regla general partimos del criterio de que los medios de comunicación social, así como critican a las personas que ejercen los poderes públicos también deben ser criticados por los gobernantes y funcionarios, lo mismo que por los lectores comunes y corrientes. Como lo señala muy correctamente el destacado periodista estadounidense Jack Fuller en su libro Valores Periodísticos, conocer directamente los intereses, los gustos y las inquietudes de los lectores, así como recibir sus críticas e inconformidades, es indispensable para el fortalecimiento de los medios de comunicación y redunda en beneficio de los periódicos y de sus lectores.

Por supuesto que hay una gran diferencia entre la crítica e incluso el ataque verbal, con el asalto a la redacción de un periódico por fuerzas armadas del Estado o por matones al servicio de mafias de cualquier clase. Y con el cierre o clausura de espacios de comunicación social, como es el caso de la estación televisora venezolana Radio Caracas Televisión, la cual ha sido prácticamente clausurada por el gobierno dictatorial de Hugo Chávez al negarle la renovación de la licencia gubernamental de operación. En este caso, nuestra expresión de condena a la decisión dictatorial del gobierno venezolano, y de solidaridad con RCTV no se hace esperar.

Si por eso nos ataca el presidente Hugo Chávez —así como atacó de manera soez al Secretario General de la OEA, José Miguel Inzulsa, porque éste le pidió que reconsiderara su decisión de clausurar la RCTV, que es un atentado contra la libertad de expresión e información y una violación a los tratados internacionales de derechos humanos—, la verdad es que nos sentimos honrados y orgullosos de ser también agredidos verbalmente por el intolerante caudillo populista de Venezuela.

Los ataques del presidente Hugo Chávez nos honran, pues significan que estamos cumpliendo con nuestro deber de defender los valores de la libertad, la democracia y los derechos humanos, lo mismo que el principio de la primacía del individuo sobre el Estado y de la dignidad humana sobre la voluntad despótica de caudillos populistas, autoritarios y militaristas. Apenados nos sentiríamos si personas como Chávez nos elogiaran en vez de atacarnos.

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