Anoche la figura principal fue el presidente Daniel Ortega en la Plaza de la Fe, pero la mayor atención la acaparó su homólogo venezolano, Hugo Chávez, quien llegó vestido con los colores de la bandera sandinista.
La Plaza de la Fe congregó una cantidad de gente pocas veces vista desde tempranas horas de la tarde, pero se fue poniendo vacía antes de que Ortega asumiera como nuevo Presidente de Nicaragua, debido al retraso en el traspaso de mando.
Ortega llegó dos horas más tarde de lo previsto a una plaza todavía desbordada de simpatizantes y banderas sandinistas, quienes sin embargo no dejaron de abandonar el local.
Una vez más, Rosario Murillo, Primera Dama, hizo el papel de maestra de ceremonia en el centro de una tarima adornada con flores y petroglifos chontaleños, con el fondo de la concha acústica pintada de líneas zigzagueantes en colores vistosos.
La multitud rojinegra explotó en júbilo cuando apareció Ortega, pero hizo una algarabía extraordinaria cuando fueron presentados Chávez y el presidente boliviano Evo Morales.
Las danzas de apertura pasaron al olvido con el vídeo de 1990, donde Ortega prometió gobernar desde abajo y volver al poder, y más aún cuando apareció “el compañero presidente” Chávez entregándole una copia de la espada de Simón Bolívar a Ortega.
El Presidente de Venezuela dijo que hablaría poco para no adueñarse de la fiesta de Ortega, pero no lo logró. Detuvo a los que se iban y después de su discurso la gente continuó su camino.
La romería no la detuvo ni los juegos pirotécnicos y al final Ortega terminó prometiendo el Alba ante una plaza holgada.