El presidente Daniel Ortega juramentó ayer a la jefatura de la Policía Nacional y la jefatura del Ejército de Nicaragua, después de tomar posesión de su cargo, a quienes les recordó sus raíces sandinistas.
Ortega primero juramentó a la jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera, quien se hizo acompañar de los comisionados mayores Horacio Rocha, Carlos Palacios, Javier Meynard Arana y el inspector general Juan Báez.
“Vamos a juramentar a nuestros hermanos policías, sumando a todos las mujeres y varones policías, que vienen de las raíces más profundas de las luchas heroicas del pueblo nicaragüense, que vienen del 19 de Julio de 1979”, dijo Ortega antes de la juramentación.
Luego, cuando le tocó juramentar a la jefatura del Ejército de Nicaragua, Ortega hizo el mismo señalamiento.
“Los hermanos del Ejército nacional, sus raíces están en la histórica Batalla de San Jacinto, cuyas raíces están en la defensa de la soberanía nacional de Benjamín Zeledón, de nuestro General de Hombres Libres Augusto C. Sandino, y cuyas raíces están en la práctica combativa que llevó a la liberación de nuestra patria el 19 de Julio de 1979”, recalcó.
La Policía y el Ejército, dos cuerpos nacidos como cuerpos partidarios en 1979, se han caracterizado por ser las instituciones que mejor han evolucionado hacia el profesionalismo en los últimos 16 años.
DESLUCIDA TOMA DE POSESIÓN
La toma de posesión, que de última hora se decidió se realizara en las afueras del antiguo Centro de Convenciones Olof Palme, no sólo estuvo retrasada por más de 90 minutos, sino también bastante deslucida.
El Presidente entrante no pronunció su acostumbrado discurso, y los dignatarios que llegaron de diferentes países prácticamente vinieron a ver una danza de El Güegüense, pues cuando se esperaba que el mandatario se dirigiera a los invitados especiales, éste se limitó a decirles que “el pueblo lo esperaba en la plaza”.
Como “premio de consolación”, los dignatarios recibieron la recién creada Orden de la Unidad Latinoamericana.