Derecho ganado
¿Qué de raro tiene que Arnoldo Alemán haya asistido a la investidura presidencial de Daniel Ortega? Es también su triunfo. Sin un Arnoldo Alemán no habría un presidente Ortega ahora. Tiene todo el derecho de regocijarse, si es a él a quien más le cuesta. Al invitarlo, Daniel Ortega sólo está siendo agradecido con el hombre que hizo el trabajo sucio para que llegara ese momento que ayer se estaba celebrando.
Aliado vergonzante
Lo raro es que hasta ahora Ortega no haya ido a El Chile a agradecer por su victoria. Si no fuese un aliado vergonzante, más que en la plaza era en esa hacienda donde ayer debió estar celebrando. Porque, insisto, más que los votos de sus simpatizantes fue Alemán el artífice de su victoria. Es que si Daniel Ortega ha tenido un techo histórico de votos del 27 por ciento, por ejemplo, Arnoldo Alemán habría aceptado un mínimo de 25 por ciento para ganar y se habría dividido, no en dos, sino en tres el partido que en las dos ocasiones anteriores ha derrotado a Ortega.
Reglas a la medida
Alemán mismo, y quienes quieren exonerarlo de su aporte a la victoria sandinista, insisten en que sí es cierto que Ortega ganó porque existe un 35 por ciento como mínimo electoral, pero cualquiera de los otros pudo ganar con esas mismas reglas. Señores, es cierto que esas reglas eran para todos, pero están diseñadas a la medida de Ortega. A ver si me explico con otro ejemplo beisbolero. Supongamos que tenemos un bateador que le da duro a la pelota pero casi siempre de foul por el jardín izquierdo. Aprovechando no sé qué ventaja, el mánager logra que se amplíe el terreno de juego por el jardín izquierdo, de tal forma que los constantes batazos de su jugador sean ahora válidos. Así, con líneas tendidas que antes eran foules y ahora son batazos legítimos ganó por fin el juego. Ideay, podríamos decir, también el otro equipo podía batear por la nueva zona incorporada al campo. Eran las mismas reglas para todos.
Léxico
Me llama la atención que de las 1,242 palabras que componían el mensaje de despedida del presidente Bolaños el pasado lunes, ninguna de ellas fue “corrupción”. A pesar que fue la bandera con que comenzó su gestión, al momento de su despedida dejó de existir esa palabra en su diccionario.
Traspuesto
Transponer. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua lo define como “poner a alguien o algo más allá, en lugar diferente del que ocupaba”. En Nicaragua “transponer” o más bien “trasponer” lo usamos para indicar cuando una cosa ha sido colocada maliciosamente fuera de su lugar, esperando que su ausencia pase inadvertida para luego quedarse con ella. Es una de las primeras etapas del verbo robar. Alguien de confianza, por ejemplo, traspone, del joyero a una gaveta, una cadena de oro en una casa. Si nadie nota la pérdida o si notándola no lo incriminan, se quedará con ella. Pero si de repente la situación se le va poniendo difícil y todos los dedos lo acusan, podrá decir que la cadena que todos buscan estaba en la gaveta y que por gusto le están echando la culpa a él.
Lotería
¿Por qué traigo el trasponer a colación? Porque esa fue la palabra que se le vino en mente a miles de personas en el caso de la Lotería. A pesar de todas las explicaciones legales y disculpas que puedan ofrecer sus administradores, queda la sospecha de que el premio del millón de dólares estaba “traspuesto” y si no se hubiese armado el escándalo que se armó, y que obligó a sacar lo traspuesto, tendríamos a unos nuevos millonarios que se ganaron el gordo sin haber comprado siquiera un vigésimo.
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