El FSLN hoy pregona paz y reconciliación, perdón y olvido, amor en vez de odio. Pero son frases vacías porque obedecieron a una coyuntura electoral y no a intenciones sinceras.
Dichas palabras no fueron enunciadas ni practicadas cuando el sandinismo fue oposición durante los 16 años de gobiernos democráticos; en ese período su actitud y accionar fueron de constante chantaje y boicot contra la paz y la estabilidad del país mediante asonadas, violencia callejera, destrucción de la propiedad y de los bienes estatales como privados, además de acusaciones destructivas y atropellos a la dignidad humana, la honra y el honor de sus adversarios.
Se burlaron de la justicia en innumerables ocasiones porque el sistema judicial es una trinchera política del partido que obedece ciegamente los dictados de Ortega y desde ahí se condena o se absuelve según convenga a la ambición e interés del comandante.
Los sandinistas siempre han ido acaparando para imponerse por encima de la mayoría de la población, que no les dio ese poder por medio del voto democrático. Ellos siempre usaron los instrumentos de la democracia pero no creen en ella. Siempre han denigrado y gozado destruyendo a otros. Siempre se salen con la suya y se llevan la mejor parte de todo, arrebatan lo que no les cuesta ni se merecen y se quedan con lo mejor de todo, celebrando la humillación que provocan y el destrozo que dejan a su paso.
Ideológica y políticamente tienen influencia y controlan los poderes de Estado, los sindicatos —sobre todo de la salud—, las universidades en todo su sistema, las diferentes formas de arte y los gremios artísticos del canto, la música, la poesía y las producciones fílmicas. Poseen grandes empresas o fincas, muchas confiscadas, así como consorcios millonarios, sin embargo aún pregonan el socialismo y la defensa de los pobres, pero ellos igual explotan a los pobres como los salvajes capitalistas que dicen criticar. Controlan el sector transporte, el sector de viviendas y urbanismo, el sector energético, empresas de publicidad, de medios de comunicación masivos y organizaciones civiles en la sociedad.
Ahora las instituciones del Poder Ejecutivo engrosarán esa todopoderosa lista que luchará contra quienes no piensen como el FSLN. Desde ahí se expandirá y ampliará el proyecto revolucionario de adoctrinamiento y control social bajo nuevas modalidades de represión, miedo e intimidación del Estado. Un árbol malo no da fruto bueno, dice Jesús en el Evangelio.
Los victimarios hicieron un sabotaje sin descanso desde 1990. La paz que ellos no dieron, hoy la piden casi ordenando, amenazantes. Ahora tienen la gran oportunidad de demostrar que pueden resolver los problemas de un país herido, que vive en los escombros que ellos heredaron al futuro y que tanto atacaron con saña las soluciones que se trataron de implementar. La paz y reconciliación caminan con la justicia.