El ponche es el mejor resultado al que puede aspirar un pitcher. Se trata de un out automático. No da oportunidad a ningún movimiento de los corredores en las bases y su impacto psicológico en el adversario es estimable. El ponche anula, expone y avergüenza al que lo recibe.
Ahora, si el ponche es lo mejor que le puede pasar a un lanzador, lo que le sigue son los batazos al cuadro interior, que se conocen como rolas o roletazos.
A través de los roletazos se concretan los doble plays y tienen un reducido impacto en la producción de carreras de un equipo. Por lo general, las rolas en caso de ir a terreno descubierto, terminan en sencillos y sólo en ocasiones en extrabases.
Así que si debe definirse a los pitcheres más dominantes, primero hay que revisar su frecuencia ponchadora, y luego la cantidad de rolas que provocan.
Un reciente estudio de analistas del beisbol, sitúa a Vicente Padilla entre la élite de los lanzadores más dominantes de las Grandes Ligas, precisamente por esas dos variables.
Padilla está en el puesto número 21 de las Mayores, lo que tiene un gran significado si se considera que en las Grandes Ligas hay un mínimo de 360 lanzadores.
El lanzador más dominante en el 2006, de acuerdo con estos parámetros, fue Francisco Liriano, quien ponchó al 30.44 por ciento de los bateadores que enfrenta y obligó a batear rolas al 50.30 por ciento.
Esto quiere decir que el zurdo dominicano poncha a uno de cada tres bateadores que enfrenta. Y obliga a que uno de cada dos le dé rolas por el piso.
En el caso de Padilla, su dominio no es tan exagerado como el de Liriano, pero de cada 10 bateadores que enfrenta, 4 le dan rolas al infield y 2 son ponchados, es decir, 6 de cada 10 son eliminados en el infield.
Padilla está en el puesto 21. Su compañero Kevin Millwood en el 25. Dontrelle Willis en el 26 y José Contreras en el 27. Eso tiene significado.