Pedro: “Correo retrasado”
Ana María Ch. de Holmann
La autora es hermana del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (q.e.p.d.).

Así tituló Pedro Joaquín Chamorro Cardenal una carta para su esposa Violeta y sus hijos, en 1959, como un presentimiento profético 19 años antes de su muerte el 10 de enero de 1978.

En una nota al final de la carta declara su testimonio de fe cristiana: “Esta carta fue cogida el día de mi captura, horas antes de que un Coronel gritara (ya prisionero) la frase que aún repica en mis oídos. ‘¡Dale gracias al General, que no te tiramos!’ Hoy 12 de noviembre, cinco meses después, yo le doy gracias a Dios porque ni ésta y otras veces, a pesar de los muchos deseos que han tenido de hacerlo, no me han tirado”.

Y fue hasta que Ella, la Virgen, quiso llevarlo a su lado, de quien él era muy devoto, Pedro pasó a dormir el sueño de la paz, mientras los otros, los que lo asesinaron, guardan el eterno silencio bajo la pesada losa de sus conciencias.

En sus relatos Pedro narra lo ocurrido durante el juicio del tribunal militar que lo juzgó por la invasión de Olama y Mollejones en el año 1959. Al respecto escribió, el 12 de noviembre de ese mismo año: “...y entre todos los papeles presentados por el Fiscal hay una libretita roja de mi propiedad donde estaba escrita una carta para mi mujer. La hice el mismo día en que se rindieron nuestros 45 compañeros de Fruta de Pan, y esperando que si moría le fuera entregada a ella por alguien. La libreta roja ha circulado de mano en mano entre lo miembros del consejo, y el doctor Carlos Olivas (defensor de oficio), tuvo la amabilidad de copiar lo que en sus hojas está escrito. No alcanzo a comprender el género de prueba que intenta el Fiscal presentándola como evidencia documental, pero voy a transcribir aquí una aparte de lo que puse en ella, cuando junto con 14 compañeros más, tomé la decisión de continuar la lucha emprendida. De este modo llegará la carta a su destinataria hoy, cinco meses y dos días después de haber sido escrita: Dice la parte que copio: Ahora estoy en manos de Dios. Él es grande y poderoso. Él hace milagros, pero si decide que mi hora es llegada, tendré tu imagen y tu pensamiento no sólo en el último momento de mi angustia sino como un recuerdo de bondad y cariño, que llevará mi alma a la otra vida. Perdona los sufrimientos que te he hecho pasar. Perdona mi rudeza, pero yo te he querido siempre, y me duele tener que dejarte, y dejar a mis hijos... mas... ¿qué voy a hacer...? Amor. Antier hubo un bombardeo feroz y la Virgen me sacó de eso con vida. Tengo fe en que Ella irá conmigo de la mano, pero si Ella decide llamarme a su lado, perdóname y recuérdame. A tus hijos diles, que mi patria son ellos, y otros niños como ellos, por los cuales hay que sufrir y a veces, hasta morir. Pedro”.

Hoy, en el vigésimo noveno aniversario de la muerte del Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, recordamos que siempre su patria son ellos, sus hijos, el pueblo de Nicaragua por el que hay que sufrir y a veces hasta morir.

Nicaragua en estos momentos se encuentra en un dilema, entre los dos platillos de una balanza: el de la duda y la desconfianza y la tenue esperanza. Digo tenue porque se están dando signos y señales que indican un camino poco halagador para llenar positivamente las expectativas, como es la aprobación apresurada de la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional cuya esencia señala en cuatro puntos medulares que confirma la continuación y el fortalecimiento del pacto entre Daniel Ortega y el FSLN y Arnoldo Alemán y el PLC. Esta Ley faculta a los diputados a interpelar y llamar a cualquier ciudadano a declarar ante la Asamblea Nacional, y quien no llegue puede ser llevado por la fuerza pública y acusado por desacato; este artículo es especialmente peligroso para los periodistas y los medios de comunicación independientes y atenta contra la libertad individual.

Otro artículo deja sólo a los jefes de bancadas el derecho de presentar leyes para presentarlas por sí mismas, quitándole funciones a los diputados y con ello también reforzando el pacto que juntos conforman la mayoría, asumiendo el control de otras instituciones como por ejemplo la DGI y la DGA y cualesquiera otra que sirva de arma para “castigo” de los que se opongan al nuevo-viejo gobierno, lo que también procuraría con seguridad la reelección continua, copia fiel de Hugo Chávez.

Se adjudican dos libres introducciones por cada uno de los diputados, las que estaban suspendidas por el orden y la austeridad, lo que en vez de disminuir las exageradas prebendas de los funcionarios públicos, gubernamentales y estatales viene a aumentar el abuso sobre el erario mermando los beneficios sociales en los sectores de salud, educación, administración de justicia y seguridad ciudadana y todo lo demás de lo que debe gozar el ciudadano.

Todo esto parece ser una reconciliación; conciliación significa conciliar cuentas, números y hechos del pasado y en este caso la conciliación de la nueva-vieja era. Pero todavía nos queda el otro platillo de la balanza con la esperanza por las promesas ofrecidas por el presidente nombrado por las dos quintas partes de los votantes: Daniel Ortega Saavedra, el que ahora representará a todo el pueblo nicaragüense. Lo ofrecido por él durante su campaña y después de su elección es: el respeto a la propiedad privada, a la democracia y el pluralismo; el derecho constitucional a la libre iniciativa de empresas y la libertad de expresión y de prensa. Todo ello para dar confianza y tranquilidad a los empresarios e inversionistas tanto nacionales como extranjeros.

Pero esto de las promesas... No es lo mismo ofrecer que cumplir.

Como dice un político español, los ideales y los principios son como un sueño que se hacen responsabilidad cuando uno llega al poder.

Mientras tanto Pedro sigue esperando, vigilante...

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