Las declaraciones de la señora Rosario Murillo, días antes de convertirse en la Primera Dama de la República “libre” de Nicaragua, informando la decisión unilateral de las autoridades del gobierno entrante de cambiar el programa de traspaso de mando y acondicionar el Centro de Convenciones Olof Palme como casa presidencial; es un claro acto de prepotencia, autoritarismo e irrespeto al orden constitucional y a la ciudadanía, que augura el abuso irrestricto y desenfrenado de los bienes públicos, que podría traer consigo el nuevo gobierno.
Aunque no espero de las personas responsables de esta desafortunada decisión, la humildad y la cordura para explicarle a la ciudadanía los motivos que tuvieron para tomarla, aprovecho que vivo en Nicaragua “libre” 2007, para preguntarles: ¿Por qué si ya existe una Casa Presidencial específicamente diseñada para albergar las oficinas del Presidente de Nicaragua deciden arbitrariamente gastar el dinero de este pobre país en habilitar otro edificio, que además no le pertenece al Poder Ejecutivo? ¿Con qué derecho la Alcaldía de Managua hace remodelaciones sin autorización a un edificio que pertenece a los asegurados del INSS? ¿Qué acciones va a tomar la Contraloría General de la República ante semejante abuso de la nueva administración, que sin haber asumido aún el poder, se apropia de un inmueble que pertenece al INSS, sin autorización y sin pagarle un centavo?
Una de las tareas primordiales del vicepresidente, don Jaime Morales Carazo, debería de ser disuadir a la nueva pareja presidencial de gobernar con el autoritarismo y soberbia que los caracterizó en los años ochenta. El Vicepresidente, como político hábil y preparado empresario, tendrá que ingeniárselas para lograr que el presidente Ortega comprenda que hoy por hoy, después de haber experimentado cinco años de administración responsable y respetuosa de los bienes del Estado, en Nicaragua se considera un delito disponer de éstos como propios, así como también el uso de fondos públicos para gastos caprichosos o discrecionales e invadir y apropiarse de una propiedad que no les pertenece ni han pagado por ella.
El gobierno sandinista recibe este 10 de enero un país con las cuentas claras, un país que honra sus deudas y es sujeto de crédito, con un prometedor crecimiento económico, excelentes cifras de exportación y reservas y con más de 1,500 millones de dólares esperando para ser utilizados en el alivio de la pobreza. Lograr esta situación económica demandó el sacrificio y el trabajo de miles de nicaragüenses que ahora merecen ser recompensados. El banquete pues, está servido y don Daniel no tuvo que sudarse en la cocina para prepararlo, ni tuvo que salir a botar la basura ni ir a pedir fiado a los mercados; a él le ha correspondido la etapa más fácil y agradable: invitar y repartir. Sin embargo, este anfitrión tendrá que administrar con justicia y sabiduría lo que encuentra servido; pues el banquete no es para él, su familia, sus correligionarios y sus socios del PLC exclusivamente, sino para todos los y las nicaragüenses independientemente de su religión, ideología o clase social. Si el nuevo gobierno comete el error de no continuar el manejo de la cosa pública con orden y transparencia, el banquete se termina y no podrán cumplir sus promesas de campaña; de lo cual, y vale la pena señalarlo, ellos serían los únicos responsables.
Un consejo para el nuevo presidente: No abuse del poder, recuerde las sabias palabras de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. ¿No es acaso paz y reconciliación lo que prometió en su campaña? ¡Demuéstrelo, pues muchos estamos esperando!