Mucho se puede decir del Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, un hombre honesto con autoridad moral para atacar todo lo malo que se daba en la época que él vivió.
No ha habido una figura igual, tan respetable como el doctor Chamorro, que siga su ejemplo para atacar los fenómenos que acechan la historia. El doctor Chamorro vivió para ser honesto, para darle a Nicaragua lo mejor de sus atributos ciudadanos y por eso lo asesinaron los fríos matones que siguen tendiendo el macabro manto de la violencia sobre nuestra sociedad. Lo asesinaron también los que usan el poder para caer en el abuso; los que piensan, aunque no lo digan, que los patrimonios del Estado tienen nombre y apellido, y se escudan en impunidad, y en la ausencia de justicia para seguir asaltando los bienes de la nación.
Esos que consideran que el poder nunca se acaba fueron los que casualmente dejaron huérfano al país de su auténtico defensor; callaron su voz imponiendo la fuerza bruta del crimen, pero no pudieron arrancar del pueblo su recuerdo, porque el doctor Chamorro, desde aquella oscura mañana del 10 de enero de 1978 se quedó para siempre en la conciencia de las mayorías que veneran su gesta como un aporte válido de su larga lucha, de la lucha que se encarnó en su humanidad para darle a Nicaragua una fórmula eficaz que permitiera cambios reales; cambios sustanciales que dieran apertura de paz, pero no una paz subjetiva, sino una paz subjetiva, sino una paz que se asentara en el respeto a la dignidad de los demás para luego contribuir una República con detalles de civilización.
Los actores intelectuales que “ingeniaron” el asesinato del doctor Chamorro no pueden escapar a los veredictos de la ley que algún día se asomarán por las ventanas de la justicia; de una justicia que aunque tardía, llegará y dará mérito de su existencia. A esos se les abrirá proceso. El pueblo sabe quiénes son ellos, y el dedo acusador de la vindicta pública los tiene señalados para dictarles el auto de segura y formal prisión como lo tipifican los códigos en la legislación penal nicaragüense. Los autores intelectuales que pagaron para segar la existencia física del doctor Chamorro tendrán que pagar sus culpas porque en Nicaragua no todo el tiempo viviremos sin justicia, ni todo el tiempo también se seguirá manchando de sangre el emblema nacional.
Llegará la justicia para castigar severamente a los cobardes que segaron una vida útil, una vida nacida de las entrañas de la República, cuya obra benéfica palpita en las dimensiones de la historia, porque hombres como el doctor Chamorro son un faro de luz que ilumina a la Patria en la secuencia de sus grandes conquistas.
El doctor Chamorro fue un hombre valiente a carta abierta. Supo desafiar a sus adversarios y en el afán de procurar una Patria distinta cayó abatido a balazos. Era un patriota muy calificado; un ideólogo de firmes posturas, y eso lo corroboró cuando después de haber salido de la cárcel por su participación en la invasión de Olama y los Mollejones en el mes de mayo de 1959, le dijo categóricamente a un grupo de personas que quisieron subestimar su heroica acción en aquella memorable jornada por Nicaragua: “No han tenido la oportunidad de rendirse, quienes jamás han tenido el valor para rebelarse”.