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El gobierno en el ideal de PJCh

El 10 de enero fue establecido oficialmente como el día de la toma de posesión presidencial, en homenaje a la memoria del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJCh), el Mártir de las Libertades Públicas y Director Mártir de LA PRENSA, a quien asesinaron el 10 de enero de 1978 para impedir que siguiera luchando por la libertad, la democracia y una nueva manera —decente y responsable— de gobernar en Nicaragua.

En realidad, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue el político ejemplar que tenía la formación moral, amplitud de miras y apropiada preparación profesional que se requiere para gobernar correctamente el país. Desafortunadamente para Nicaragua, por la falta de libertad del pueblo para elegir a sus gobernantes el doctor Chamorro Cardenal no tuvo la oportunidad de ejercer el poder público en beneficio del pueblo, al que consagró su existencia y por el cual hasta dio su vida.

Las ideas del doctor Chamorro Cardenal acerca de cómo se debe gobernar el país, eran progresistas, honestas, claras y precisas. Él repudiaba el caudillismo que ha gobernado casi siempre el país, condenándolo a la desgracia. Al respecto decía el doctor Chamorro Cardenal que “el Presidente no puede ser el árbitro de todos los problemas, el que interviene cuando hay herencias cuantiosas en pleito, para arreglar a las partes; el que verifica matrimonios inconclusos; el que saca y mete a personas de la cárcel; el que da pasajes, teléfonos o kilovatios libres; el que sienta en su mesa de comer a los políticos para “arreglar el país…” Es decir, el caudillo.

Según el doctor Chamorro Cardenal el gobernante es —o debe ser— “un administrador a quien se le paga para que administre; un fiscal que vigila los bienes de una comunidad, absolutamente ajenos a su propiedad; un empleado que, comprometido a dar su trabajo por un salario, no puede percibir, ni indirectamente hablando, más bienes que los derivados del ejercicio de su cargo a través de un salario. El gobierno no es una ganga”.

Para el doctor Chamorro Cardenal el gobierno debía ser “un instrumento encaminado principal y casi exclusivamente al beneficio de los más pobres, mientras haya pobres”. Pero en su ideal la justicia social y la lucha contra la pobreza tenían que ir de la mano con el estricto respeto a la libertad individual de la persona.

Ciertamente, el doctor Chamorro Cardenal no admitía que para gobernar a favor de los pobres fuese necesario sacrificar la dignidad y la libertad individual, “contrariar la naturaleza humana, convertir al hombre en un esclavo” del Estado totalitario. Por eso planteaba que “el Gobierno debe ser un producto auténtico del pueblo, y también de la influencia del empresario que está obligado a participar en la cosa pública, porque precisamente debe de encaminar una parte importante de su gestión a la producción del bien común”.

Es oportuno recordar estas ideas del doctor Chamorro Cardenal —que se pueden leer en el libro La Patria de Pedro—, ahora que al conmemorarse el vigésimo noveno aniversario de su asesinato, se lleva a cabo la toma posesión de un nuevo gobernante que en sus proclamas declara precisamente que quiere erradicar la pobreza.

Por cierto que esta misma persona que asume hoy el cargo de Presidente de la República, ya gobernó anteriormente con esa misma bandera de lucha contra la pobreza. Sin embargo, lo que hizo la vez anterior fue aumentar el número de pobres en Nicaragua y, además, sacrificar la libertad individual de las personas ante el poder represivo de un Estado policíaco y militarista.

Ahora este Presidente no tendrá los pretextos que tuvo en los años ochenta para atentar contra la libertad individual, para negar la democracia y sumir a los nicaragüenses en la peor situación de pobreza de todos los tiempos. De manera que esta vez tiene la obligación de cumplir sus promesas y gobernar con responsabilidad, con respeto a la libertad y a los derechos de todos los nicaragüenses, no sólo de sus partidarios.

Queremos que Daniel Ortega tenga éxito con su nuevo gobierno, porque su fracaso significaría —otra vez— la ruina de todo el pueblo de Nicaragua. Y para ser ahora un mejor gobernante, el presidente Ortega debería aprender de las enseñanzas del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Ojalá que así sea.

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