Managua, 8:38 pm | 28/11/2009
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Inicio
Nosotras
La Prensa Literaria
Aquí Entre Nos
El Azote
Chavalos
Suplemento Deportivo
Negocios y Economía
Suplementos >> Suplemento Deportivo
CAL RIPKEN SIEMPRE FUE UN PELOTERO EJEMPLO dentro y fuera del terreno de juego. Aquí juega con su hijo Ryan, en 1995, en un día familiar organizado por los Orioles de Baltimore. (LA PRENSA/AP)
¿RIPKEN SERÁ UNÁNIME?
Mañana los nuevos miembros de Cooperstown
Sería la primera vez en la historia que un pelotero entra sin ninguna objeción
Edgard Tijerino M.
deportes@laprensa.com.ni
Es un ejemplo

Con 6 pies 4 pulgadas, 225 libras, perdiendo el cabello, sus ojos azules, Cal Ripken, a quien vimos flameando frente a las bolas bateadas hacia él o fajándose con los lanzamientos que trataban de dominarlo, podría ser la primera selección unánime por su carisma y esa relación tan fraternal que sostuvo con el periodismo.

Nunca perdió su equilibrio emocional frente a una cobertura periodística agobiante que lo obligó a ofrecer conferencias de prensa en el dogout antes de cada serie y una intensa presión de los aficionados

Ripken ha sabido ser amable con todos, disponer siempre del tiempo y la paciencia para no provocar cuestionamientos, y saber manejarse adecuadamente en el centro de la atención.

Lo vi una vez en Cleveland, y no titubeó para pedir autorización y perder dos turnos de bateo en la jaula de entrenamiento con tal de atender la voracidad de los cronistas.

Y al salir del estadio después del juego, entregado a la atención de los fanáticos. ¡Qué bueno sería que todos fueran como él!

Ni siquiera Babe Ruth o Hank Aaron han podido entrar con un respaldo unánime al Salón de la Fama. ¿Podrá hacerlo mañana Cal Ripken? ¿cuántos de los votantes se atreverán a omitir su nombre en la tarjeta? ¿qué justificación utilizarán?

Ripken podría ser el primero. A su posiblemente insuperable racha de 2,632 juegos consecutivos, hay que agregar una serie de cifras grandiosas construidas con una consistencia excepcional.

¿Qué les parece?

Cuando Ripken inició su racha después de haber alineado el 29 de mayo de 1982, Ronald Reagan era el Presidente de Estados Unidos; Rocky III hacia su aparición en pantalla; El Enigma de Parsifal, libro de Robert Ludlum, era el best seller de moda; el Papa visitaba Liverpool; Rickey Henderson quebraba la marca de 118 robos de Lou Brock; Larry Holmes y Sugar Leonard eran campeones mundiales y Paolo Rossi eclipsaba a Maradona y Zico en la Copa de España.

Pasó mucho tiempo y el indestructible paracorto continuó en pie de lucha persiguiendo la marca de 2,130 juegos establecida supuestamente para siempre por Lou Gehrig, hasta que la superó y la extendió hasta 2,632 el 19 de septiembre de 1998.

¿Cómo no sentirse genuinamente impresionado frente a la terquedad y constancia de Ripken? ¿es posible sobrevivir por tanto tiempo a las peligrosas barridas de los corredores que tratan de frustrar un doble play, a las pitcheadas adentro de los tiradores de bolas de humo como Nolan Ryan, Roger Clemens, Lee Smith y Randy Johnson? ¿fue construido Ripken con cables de acero inoxidable?

Esa sencillez

Sentando en la butaca de la humildad, Ripken trató de restarle importancia a su hazaña: “no se trata de registrar una gran actuación, sino simplemente de salir y jugar, eso es todo”.

“Agradezco la expectación que se ha fabricado alrededor de mi trabajo, pero no creo merecer tanta atención. Gehrig si fue un súper-pelotero, y de ninguna manera soy comparable con él”, dijo un día antes de tumbar la marca.

Hey, Cal, de acuerdo, Gehrig fue fenomenal, pero, ¿qué hay de todo esto?: Novato del año superando a Ken Hrbek y Wade Boggs en 1982; dos veces Más Valioso de la Liga Americana en las campañas de 1983 y 1991; apenas tres insignificantes errores a través de 161 juegos y 677 lances en 1990; un short stop que logró batear 341 jonrones, sólo detrás de Alex Rodríguez; ganador de dos guantes de oro y ocho bates de plata; una permanente escogencia para estar en acción en los Juegos de Estrellas, cinco temporadas sobre los 300 puntos; ocho con 90 o más empujadas incluyendo cuatro sobre las 100; y más de una docena de récords en fildeo para un paracorto.

Alguien se preguntaría si, ¿tiene eso algún significado?

Obviamente, a diferencia de la cacería del récord jonronero de Babe Ruth por parte de Hank Aaron y Barry Bonds, o de la lucha de Pete Rose por superar la marca de hits de Ty Cobb, en el caso de Ripken y la racha, no hubo conteo bajo presión, excepto el temor a una lesión.

No soy yo, soy la racha

Ripken y la racha fueron inseparables. “Lo único que lamento, es que se ha convertido en mi identidad. Me da la impresión que no soy yo, soy la racha”, dijo reiteradamente.

Bueno, eso es inevitable. Se trata de uno y su sombra, y Ripken finalmente supo comprenderlo y asimilarlo.

Mañana, será otro gran día para él. Cooperstown lo espera con sus brazos abiertos.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda