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Nuevo gobierno y programa país
Eduardo López Herrera
El autor es miembro de Asdenic y docente universitario de la facultad multidisciplinaria UNAN-Estelí.

El Frente Sandinista, que asume el gobierno estrenando el año 2007, tiene enormes retos que enfrentar. Hay que partir de que a lo interno hay muchas asignaturas pendientes sin resolver, siendo una de las causas más importantes de estos problemas las directrices emanadas del Consenso de Washington que los organismos financieros internacionales han venido aplicando.

Al final de cuentas reprobamos el examen microeconómico y aprobamos el macroeconómico, no obstante este último es frágil por la forma en que ha sido sostenido (endeudamiento interno y externo), por lo tanto las necesidades más sentidas de la población y el ansiado despegue económico necesitan repuestas viables y pragmáticas que satisfagan esas necesidades postergadas y el desarrollo estable del país.

En un reciente artículo publicado en LA PRENSA, con fecha 16 de diciembre de 2006, titulado Pobreza inmutable, se indica que: Aunque Nicaragua ha gastado en los últimos cinco años 36 mil 516.9 millones de córdobas para reducir la pobreza, ésta continúa siendo el pan de cada día de 61 de cada 100 nicaragüenses entre el 2001 y el 2005. Yo considero que uno de los ejes transversales de un programa país del gobierno entrante es el combate sin tregua a la pobreza, como un flagelo que además de ser un problema de orden económico es, a estas alturas del siglo XXI, un problema de orden moral.

Los esfuerzos encaminados a la solución de la pobreza, vistos desde la perspectiva de la realidad actual, deben ser a partir de estrategias que le den valor agregado a los recursos humanos, a través del impulso de programas de salud, educación, seguridad social, políticas crediticias, etc. que dispongan a muchos sectores pobres y empobrecidos para el trabajo, al incremento de la productividad, la producción, lo mismo que al desarrollo cultural y técnico que favorezca el entorno familiar, pero además al país, que necesita saldar su rezago histórico, sobre todo en estos tiempos de globalización, de integración, que hoy para nosotros, para Centroamérica, se convierte en un imperativo ante los desafíos de la mundialización económica y de la sociedad del conocimiento.

Hay otra serie de factores de indudable prioridad que no son menos importantes en la estrategia de un programa país. Entre otros están: la red vial tan necesaria para el desarrollo económico nacional, sobre todo ante las nuevas exigencias que imponen los tratados comerciales; la transferencia tecnológica a los sectores productivos, incentivando a la pequeña y mediana producción agrícola e industrial como agentes de un peso significativo en la producción para el consumo nacional y de exportación; una política de inversión pública y privada que incentive el empleo; políticas públicas que redistribuyan el ingreso y que apliquen una reforma tributaria justa; la inclusión efectiva de la Costa Atlántica en los planes de desarrollo nacional, considerando las enormes ventajas comparativas de esta región; y, desde luego, la solución a la crisis energética, que es, sin lugar a dudas, un problema capital con una incidencia muy visible para las pretensiones de nuestro desarrollo de largo plazo en todos los renglones de la vida nacional. El deporte mismo no puede estar al margen de este programa, sobre todo el béisbol que es nuestro pasatiempo nacional que carga con un serio déficit, que se refleja en el hecho de estar ausentes de certámenes mundiales, con más de cien años de jugar a la pelota pero otros con menos años nos han superado.

Un programa país responsable y propositivo pasa necesariamente por honrar los compromisos financieros con la banca internacional, pero también valorar las condicionalidades de la misma, de manera tal que no existan recetas cerradas para realidades tan complejas como la nuestra que necesita de soluciones concretas, pero también un replanteamiento de la deuda interna que resulta asfixiante para nuestras aspiraciones de combatir la pobreza, a través de un gasto social que hoy está reducido a un plano secundario.

El concurso de todos los sectores es lo que hará posible que un programa país funcione y que no se agote con los factores antes señalados. No obstante esto debe permitir además el respaldo pleno de la comunidad internacional, de los diferentes foros y cumbres en los que Nicaragua ha firmado muchos compromisos por un siglo XXI en el que se achiquen las diferencias entre países ricos y pobres, como Nicaragua, que no debe renunciar a la utopía de un país moderno y próspero que sea orgullo de todos los nicas.

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