Los tres únicos sobrevivientes a la explosión del taller de pólvora de Nandaime, en noviembre del año pasado, sufren de secuelas sicológicas tras el accidente donde murieron doce de sus compañeros de vida.
Manuel Salvador Cruz Barrios (17 años), Marlon Mendieta Flores (26 años) y Jeffrey Reyes Umaña (18 años) resultaron con quemaduras graves en sus cuerpos el pasado 14 de noviembre, cuando el taller de pólvora en que trabajaban explotó producto de un accidente.
Como resultado del incendio, doce jóvenes murieron poco a poco en las salas de los hospitales de Granada y Managua, y otros tres fueron enviados a Estados Unidos a someterse a operaciones especiales para salvarles las vidas.
Marlon Mendieta llevaba el 25 por ciento de su cuerpo quemado, Manuel Salvador Cruz Barrios tenía el 40 por ciento de quemaduras y Jeffrey Daniel Reyes Umaña terminó con el 35 por ciento de su piel derretida.
Los tres salieron en el avión ambulancia Gulfstream III, del Comando Sur de los Estados Unidos, rumbo al Hospital Shriner’s y el Hospital Mass General de Boston, Massachussets, donde permanecieron 41 días y regresaron el pasado 4 de enero.
Aunque las heridas se están sanando poco a poco, para Marlon la vida ya no es igual: ahora odia el calor y evita las camisas todo el tiempo.
“Siento como si todavía trayera el fuego pegado al pellejo”, dice con la vista clavada al piso y las lágrimas a punto de rodar. A él le desprendieron carne de las piernas para hacerle un injerto en la mano izquierda.
A Manuel Salvador Cruz lo que más le duele y no lo deja estar tranquilo es que no pudo despedirse de sus doce amigos que murieron por el fuego.
“Yo sabía que se iban muriendo y no podía despedirme de ellos porque no me lo permitían en el hospital. Me duele no poder haberle dicho adiós cuando todavía estaban vivos”, dice con tristeza este joven que ahora abomina al sol y que todas las noches de despierta sofocado y con la sensación de que pronto la cama agarra fuego.
El otro sobreviviente, Reyes Umaña, prefirió quedarse en Managua y no regresó a Nandaime porque allá “las quemadas duelen más y me parece que todo huele a pólvora todavía”.
Todos ellos trabajaban de 6 de la mañana a las 5 de la tarde, por un salario semanal de 250 córdobas.